Posteado por: arcesilao | 27 mayo, 2012

BLACK IS BLACK

Hoy, día mastuerzo de tempestades silbosas, ha venido a verme Black, para mantener nuestra habitual terapia de sarcasmos; un chismorreo sobre la actualidad que nos rejuvenece ( algo). De inmediato, le he notado un chisporroteo en  sus ojillos, furia y desdén, mientras se acomodaba. Nos vamos a divertir, he pensado.

De la roída mochila de Carrefour, ha sacado dos botellas de Laus 700, un tinto Cabernet-Syrah para desatarnos la lengua. Estaba alegre y zumbón, aunque lleva insomne tres días ( no puede dejar de leer una manoseada edición de bolsillo de LA CASA LÚGUBRE, cerca de míl páginas de letra hormigueante que se ha agenciado para festejar su Año Dickens ).

Y enseguida nos hemos lanzado a chapotear en el barro, pasando revista al guignol de nuestros queridos ornitorrincos, con especial atención a las sinsorgadas de Duran y Lleída, al panfilismo apático del inquilino Rajoy, a las proclamas de ese tiranosaurio chavista disfrazado de palestino de bazar chino que responde como Sanchez Gordillo ó a esas declaraciones “dadá” de Eduardo Galeano en la contraportada de EL MUNDO (26/05/12)

Ornitorrincos en acción.

 Black, con una vibración ya exasperada, ha depuesto también, mediada la segunda botella, sobre los bucaneros de las Cajas, sobre un tal Moltó, sobre una arpía que mando en una caja alicantina, sobre ese Señor Gorinosequé.  Para todos ellos  exige cárcel y grilletes. 

Yo, para no ser menos, he apostillado con un discursillo banal sobre el periodismo a propósito de estos días alucinados . Me he ayudado de un muletazo de Arcadi Espada que acababa de leer: “La banda aviar amenaza con hacer del periodismo un erial de significación donde sólo pueda hablarse su lenguaje recto cular de 140 palabras y donde la ironía, los juegos de palabras, los atajos semánticos y la libidinosa intertextualidad estén severamente proscritos.”  He ahí otro de nuestros males, he pontificado.

Black, me ha mirado de soslayo, detesta a Espada y cada día aprende a odiar, un poco más, a ese mar de pirañas que es Twiterlandia. Ah… y al manoseo de las banderas, a los himnos, a los nacionalistas, a las aguas territoriales y, por supuesto, al sujeto Tardá. A esas alturas, las sílabas se amontonaban en un engrudo cabernet,  levemente incomprensible.

En fín, refocilados y distendidos por el charloteo, hemos acabado, pues, la juerga somática escuchando a los Clash.

Posteado por: arcesilao | 24 mayo, 2012

ESPERANDO AL FALANSTERIO ( VERDE )

 Escucho gritillos en la calle, mezclados con el estrépito airado de una máquina que resquebraja la plaza donde vivo. Me asomo y observo a unos chicos felices disfrazados de hinchas que blanden bandericas, colgajos de cartón y algunos abalorios. Gritan y se rién mucho, mientras discurren por el carril-bici para no torpedear el paso implacable de los autobuses rojos. En la radio, más tarde, inciertos profetas de siglas agrietadas por la victoria final de la herrumbre, alardearán de cifras apocalípticas. Impermeables al desaliento, aventurarán que una marea, otra,  va a llegar muy lejos. El viento, creo, gime en este minuto por esa invasión de frases vacías. 

Entretanto, la máquina de picar baldosas ha destrozado una tuberia y un volcan de agua negruzca ha brotado desde el subsuelo. Los chicos de verde fourier,  señalan con aspavientos divertidos la incidencia y siguen su camino. Sin embargo, yo calculo el coste adicional del estropicio en la próxima factura. Distintos modos de otear el paísaje lunar en estos días sulfúrícos.

Para pasar el tiempo releo una historia antigua a la que he acudido de repente; la necesidad de hacerlo ha surgido de improviso, por una referencia, por un azar eléctrico, por una palabra escupida desde el pasado: LEVANTAD CARPINTEROS LA VIGA MAESTRA.

Me lo paso bien recordando la frustrada boda de Seymour Glass y la velada presencia de un anciano, la ceniza de un habano y un río  helado de Tom Collins.

Luego suena el teléfono. Beatriz habla desde otra habitación. La escucho musitar. Esperamos noticias no agradables.

Cinco pisos más abajo, el turbión sigue hirviente. Hombres con casco miran con desaliento la grieta, mientras fuman y hablan, nerviosos, con los móviles.

Recuerdo entonces que no tenemos leche y que mís provisiones de simvastatina se han acabado.

Llaman al timbre. Abro la puerta. Un hombre de verde salud me pide ayuda. El octogenario vecino ha tenido un ataque; un ictus. Requieren mi colaboración para evacuarlo. Su mujer lloriquea, sentada en su silla de ruedas. En su tele, siempre demasiado fuerte, alguien parlotea y parlotea y parlotea. El ascensor no llega. El Falansterio ( esa cosa tectónica y verde), tampoco. Así pasan los días.

Posteado por: arcesilao | 10 mayo, 2012

UN BANQUETE QUE DURA 50 AÑOS

Pues sí, los Rolling, como siempre nos ha gustado llamarles han cumplido cincuenta años de oficio en la carretera y en los mil tumultos que decoran sus inacabables vidas. Diez lustros aporreando nuestras meninges con una infinita tormenta de música y luz cegadora. 

Los Stones han acompañado nuestros vaívenes, durante tan largo viaje, con todo un surtido voraz de buenas canciones y alguna ridiculez ennoblecida, sólo, por su presencia satánica.

Siempre aullando en el filo de la navaja. Discutiendo con su tiempo. Febriles y, de pronto, livianos. Hierro y seda. Riesgo y pólvora.

Para no incurrir en el cliché, es preciso buscar en las caras B, aquella canción velada por los éxitazos que, en algún momento, nos hizo más felices.

Por ejemplo de su “albunazoBEGGARS BANQUET, me apetece reparar hoy  en este impresionante blues, NO EXPECTATIONS..

Felicidades y larga vida, hay tiempo aún, para los Stones.

Posteado por: arcesilao | 6 mayo, 2012

VERMUTH

No termino de leer el artículo, tan esdrújulo, tan pelmazo, sobre el nuevo orden que viene desde el Planeta Valderas, me limito a doblar el periódico púlcramente y a depositarlo bajo la silla, en el húmedo suelo, esperando que se ramifique en  un tubérculo sin iglesia. Así son las cosas. Boniatos, ansiedad y  mucha doctrina.

Enciendo un cigarrillo Al Capone, un regalito de Mo para celebrar que la noche fue larga y aguardo el paso de los minutos al final de los cuales me espera un tobogán: uno de esos encuentros con amigotes para tomarle el pulso a la desnudez de los trabajos y al abismo de recientes viajes desolados.

Recien llegado del centro celiniano del dolor, un familiar se muere irremediablemente, por mí parte tan solo deseo respirar el aroma dulzón del  pitillo mafioso, beber algunos Izaguirres y acunarme, codos en las barras,  con ese inevitable millón de palabras devoradas.

Pasan una mujer con un águila tatuada en el cuello y un hombre bajito en zapatillas arrastrando un pequinés Discuten acaloradamente. De una panadería próxima, un tipo con un aíre vagamente parecido a Vila Matas sale corriendo con dos panes debajo del brazo y unas palmeras de chocolate. Hay gritos y carreras. Se suceden distintas bromas entre los espectadores.

Luego me trago una salmuera y me dejo llevar por un eco que me asalta, primero como un titubeo cansino, luego como un pandemonio que me martillea sin pausa. Dadá, Dadá, Dadá…

Posteado por: arcesilao | 16 abril, 2012

EL CIERZÍSIMO: UNA FÁBULA

Para “punadodecanicas

-Mister Cierzo ha decidido soplar hoy en este valle reseco con la intemperancia de un editorial arisco con la caza de los elefantes y la monarquía. Un cierto descontrol en la fuerza y toda la ira de los dioses republicanos. Nuestro Eolo particular, rugiendo desmedido, ha provocado fenómenos nunca vistos. He visto volar en el Parque Bruil, sueños crispados y a la prima de riesgo. Por Independencia, dos raíles del tranvía se han incrustado en las vidrieras de Sephora y, una vez allí, han decidido rocíarse con las robustas fragancias almizcladas del nuevo Boss Orange Man. Acicalados se les ha visto huir por el Tubo.

Impulsadas por la fiera ululante, miles de páginas del último best-seller de Almudena Grandes se cernían, exhaustas de metáforas arrogantes, sobre la Estación de Cercanías de Goya, por donde se evacuaba a los sótanos de la ciudad a sonrientes niños sin madre y a ancianos sin paseo matinal.

Cierzísimo

.

He visto volar al deseo insatisfecho más allá de la Vía Láctea y a unos cuantos ornitorrincos acongojados camino de Bruselas. He oído el estrépito de cristales rotos. He comprobado como se rasgaban los toldos de los balcones vecinales y el alma insolente del agapitismo.  En la radio, se ha informado que el atribulado equipo de gobierno municipal ha aprovechado la estela del viento para huir, enajenado, al otro lado de la actualidad. Además, me he extasiado contemplando como las sonrisas y las lágrimas del desamor, viajaban sin control por los desfiladeros de cemento camino de La Cartuja

En fín, los de por aquí, ya se sabe, no seríamos nada, sin la ira de nuestro viento preferido, ese descomunal dios que orea nuestras vacías cabezas poco antes de refocilarnos con todo lo que podía haber sido y, sorpresa, nunca es. Mister Eolo nos ata a nuestro destino. A qué sí…

Posteado por: arcesilao | 9 abril, 2012

RES TREMENDAE MA NON TROPPO

Sábado de Pascua. Las nubes se acumulan mientras avanzamos hacia una cicatriz del pasado. Es un viaje breve hasta el interior del Somontano. Allí en las faldas de la Sierra de Sevil, un pequeño pueblo por donde anduve hace  años, nos acoge discretamente. Acerco a los que me acompañan hasta la ruina de aquel caseron familiar que crujía por todas sus cuadernas en las quietas noches de verano. Hoy sólo queda la dovela del antiguo portón que se abre a un descampado de abrojos, ladrillos rotos, basura y el esqueleto de algún sillar desvencijado.

En las afueras...

Mientras me desembarazo del mordisco de la nostalgia por lo que fue, evoco noches en la cadiera de la gran cocina con las dos tías octogenarias, el salón de los rancios sillones escondidos entre sábanas donde se recibía a las visitas de la ciudad, los corredores de losas rojas que nos llevaban a las minúsculas alcobas y aquel cuarto del sol con su balcón de madera carcomida encima del gallinero y las patatas esparcidas por el suelo.

Luego paseamos por las calles de ese poblachón que se resiste al abandono. Se nos presenta con toda esa inútil promiscuidad de casas remodeladas por el habitual mal gusto de esos pinturrujeos imposibles que nunca ahorran sus actuales inquilinos y esas otras fachadas de viejos edificios deshabitados, en cambio, tan orgullosa y severamente desgarradas.

 Y el silencio y las miradas huidizas de apresurados rostros que son como fantasmas de otros días. Y los encuentros esporádicos y esas triviales conversaciones dibujadas con los rescoldos de infinitas ausencias. Todo es como de color ceniza. Bebemos vino local y recordamos.

Más tarde, unos cuantos kilómetros de curvas después, Alquezar, donde todo es excesivo. Su belleza de piedra limpia incrustada en las rocas, la invasión desmedida de mil  tribus urbanas, el cansino deambuleo por sus calles y la generosa e incabable comida de Casa Gervasio. En fín.

Al-Qasr

De regreso a casa, apenas hablamos. A medida que descendemos al valle, el color de la tarde es más sucio, cobrizo y me arden las tripas: he comido demasiado.

Al fondo, ya veo la ciudad. Bah, no tardaré en regresar a la sierra. Esta mañana todo era más lento; ahora, ya vuelvo a flotar agitado. Las máquinas cruzan el puente, junto a las obras del tranvía. Una ambulancia recoge a un herido junto a la Zuda. Decenas de personas cruzan el semáforo y no miran. Cosas tremendas aunque no demasiado.

Posteado por: arcesilao | 1 abril, 2012

CUANDO SE ESPERA…

« No pensaba en nada. Ni siquiera dejaba que cobrasen cuerpo en su mente imágenes de lo que estaba por pasar, únicamente las sentía hormiguear dentro de él a todas ellas; pegajosas, encoladas, protegidas aún como por un tegumento voluptuoso, husmeando el aíre que va a desfrunciarlas una a una, él era como un planta que va a florecer: al borde de la delicuescencia. Pensó por un instante que era profundamente feliz, es decir, que sentía que iba a dejar de serlo...»

El lugar de la espera

« A medida que el tiempo pasaba y le acosaba, que el deseo de que ella estuviese allí devenía casí en angustia, era como si los objetos se hubieran encerrado hostilmente frente a aquella posibilidad. El anochecer se instalaba gris e insípido, sellaba con un polvo tenue el cuarto cerrado, tan rigurosamente colmado de silencio como un acuario de agua. El día se acababa. Allí no habia sitio para una mujer viva. Nunca lo hubo.»

LA PENINSULA de Julien Gracq

Simón esta esperando a que su amante llegue en el tren; mientras deambula… Quién no se ha sentido así, alguna vez, devorado por esa araña que rumia. Pues eso.

Posteado por: arcesilao | 24 marzo, 2012

CARACORTADA

 Escudriñando entre las películas de la Biblioteca Pública, me tope ayer con SCARFACE ( 1932) de Howard Hawks. Recordé haberla visto en algún pase de la tele, cuando sólo había un par de canales y más rigor en la programación cinematográfica. Me apetecía volver a ella. No me arrepiento, claro.

 

Es vertiginosa, nerviosa, divertida, flúida. Es una tragedia ribeteada de comedia gamberra y dueña de un devastador humor negro. Inaugura una manera de contar y un estilo de ensamblar la narración que sigue siendo admirable. Esta repleta de hallazgos visuales y de símbolos elementales: como esas cruces que presagian algunas de las muertes violentas. Tiene ochenta años a sus espaldas y ha resistido el paso del tiempo sin que se agriete su alegría contagiosa. No discursea ni se ensaña. No es solemne pero tampoco banal.

El protagonista, Tony Camonte se desliza hacia el abismo entre la inocencia y el desgarro. Desvaría con una vitalidad que conmueve. Cuando al final, muere como un guiñol segado por las mil balas de la Thompson, destruído por un amor imposible y por el recuerdo de su amigo, Rinaldo, muerto por su mano, le compadecemos como una víctima de sí mismo y no le guardamos ningún rencor por ser un mal bicho.

 

Años después, Brian de Palma y Oliver Stone fraguaron un “remake” petulante y lisérgico, con Pacino, descontrolado, bordeando el ridículo en una de sus habituales verbenas histriónicas. La comparación con la película de Hawks es imposible.

Expresionista y brutal, guarda en su escasos 90 minutos, escenas eternas: como el asesinato del ganster en el Hospital, la matanza de San Valentín o la ejecución de Karloff en la bolera.

El cine inauguraba entonces el sonido. Hawks a rítmo del tableteo de las ametralladoras, lo celebró convirtiéndose en un adelantado de su tiempo.

CARACORTADA, un clásico inagotable.

Qué bien lo he vuelto a pasar.

Posteado por: arcesilao | 21 marzo, 2012

LA TORRE DEL VIGÍA

Debería evitarlo pero… no quiero. Y es que siempre que me hurgo por dentro para recordar las músicas que me han hecho como soy, surge como un geiser una canción de Bob Dylan. Sé que es un recurso fácil, pero es inevitable.  Cualquiera de mí generación tiene que convivir con esa cicatriz.  Mr. Tambourine Man nos ha marcado y siempre regresamos a su bota malaya para hundirnos en la miseria de un recuerdo cobrizo o en la exaltacion de  algún  ensueño azul y perfecto.

Mi canción es, ALL ALONG THE WATCHTOWER. Aparece hacia el final de los 60 en el disco JOHN WESLEY HARDING. La llevo colgada de la memoria desde por entonces. La he escuchado en infinidad de versiones. Esta de Pearl Jam es una de las que prefiero; ideal para cuando se ciernen las tormentas.

Tambien la he disfrutado viendo en su día películas como UNA HISTORIA DEL BRONX o en FORREST GUMP, cuando nuestro héroe se arrastra por la selva y ruge la reinterpretación que hizo Hendrix de esa canción eterna

 

En fín, es una de esas típicas salmodias de Dylan, llena de metáforas imposibles y disgresiones luminosas que, en algún momento, quisimos convertir en doctrina.  Hoy son, sencillamente,sedimento en el tiempo. Luces que todavía destellan para nuestro regocijo. 

Posteado por: arcesilao | 11 marzo, 2012

DAGUERROTIPO

       Le veo llegar sorteando las mesas, naúfrago de sí mismo, con esa chaqueta jaspeada y los pantalones de pana, verdes, desgastados en las rodillas, que le cubren los huesos desde que le conozco. Pasan veintitrés minutos de nuestra cita, acordada por teléfono hace tres días. Me saluda con ese aíre desmayado que le acompaña en sus días mejores. Le llamo Black; a quien le importa su nombre verdadero. Es un malandrín ojeroso, tierno como un panda, alto y enjuto, de fidelidades desconocidas y dudas irrevocables.

Era médico, especialista en quebrantos cardiovasculares, hasta que se asomó al abismo y lo dejó. Ahora vive con su hermana, se ocupa de los sobrinos y se dedica a la artesanía, construyendo cachivaches y pequeños juguetes con hierro y madera que vende y, a menudo, regala en mercadillos y en oscuras tiendas del otro lado del río.

Habla poco, con una enojosa tendencia a sentenciar juicios sumarios sobre casi todo. Por las noches, me dice, se sumerje en Twiterlandia y basurea en los trending topics con mini-prosas hirientes y desdichadas. Sé que escribe un diario en cuadernos escolares, con pluma estilográfica y tinta azul.

No bebe. Fuma. Jamás recuerda a sus mujeres. Venera la música de Art Tatum. Tiene cáculos biliares y, últimamente, ha descubierto las novelas de Fred Vargas y las canciones ronroneantes de Cassandra Wilson.

 

Esta tarde, cielos, parece dispuesto a charlar sobre la huelga general del 29-M. Yo, en cambio, sólo quisiera contarle que se me ha roto la impresora y que tengo planes imprecisos para cambiar de frigorífico.

Le conozco desde hace un par de décadas. A veces, cuando se evapora tras una esquina y me saluda con la mano, siento alfileres en las tripas y la sensación temblorosa de que no volveré a verle más. Supongo que un día, recibiré una postal desde el otro lado del mundo y será él. 

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