TRIPTÓFANO

 

     Tomaba un Yzaguirre a pequeños sorbos, felizmente alelado por su eficacia seca y por los 28 grados de este Septiembre luminoso y medio sudanés, cuando me he preguntado por mí caudal del alegre Triptófano.

    Me informan en los periódicos que es un aminoácido que provoca el humor y lo desparrama por nuestros cuerpos. Su ausencia, según parece, no es trendy. Estoy por pedirme otro Yzaguirre para estimular que esa hormona de la risa sea un río infinito recorriendo mis venas y no cese.

  De todos modos, mis desconocidas reservas del afamado Triptófano se habrán visto asombrosamente incrementadas, cuando he leído que la satrapía ejecutiva de Twitter se dispone a salir a Bolsa para reduplicar los 500 millones de dolares que van a ganar este año gracias a los aullidos de la jauría.

Mister Twerr al final de otro día.

Mister Twett al final de otro día.

   Me triptófono de la risa al comprobar como las turbas hacen multirico a Mister Costolo, gracias a ese aminoácido de 140 caracteres que segregan sin pausa en cada nanosegundo casi todos los ciudadanos que conozco. Me chiflan estas paradojas de la modernidad.

  Y puestos a preguntar añado: escribir bobadas en Twitter fomenta la triptofanía o es una hormona primate aun ignota para la Ciencia. Debería contarlo, ya tarda, Miss Julia Otero en una edición especial de mil horas en cualquiera de las cadenas de Atresmedia, nuestra venenosa cúpula pata negra y luego, por fa, whasapearlo al orbe. Que menos.

       “ Camarero otro Yzaguirre y unas olivicas sin hueso.

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