ORNITORRINCOS EN LA CIÉNAGA-FLASH 4

  Tertuliantropus Simplicius.

He aquí un ejemplar seleccionado. Sujeto destacado de esta prolífica subespecie parlanchina que experimenta, en los últimos tiempos , un inaudito crecimiento vegetativo en las zonas seminobles de la Ciénaga.

wp-1472145761600.jpeg
ARQUETIPO MACERANDO NO SE QUE…

 

Estos protofidios de lengua tribífida y vivaz, poseen un vocabulario limitado y acusadamente pírrico que lo simulan con ungüentos de bergamota y diazepan. Son redundantes, pepinaceos y  basicamente estériles. Gruñen en el vacío con una alegría desorbitada. Caprichosos y lenguaraces,  pueden ser ceñudos y desagradables. Sin embargo, pese a su ahinco son placebos. No dañan ni siquiera la superficie de las cosas.

Eso sí, son de una fidelidad lanar a los dictámenes de los edecanes del Lodazal. Su verborragia es un eco. Voceros de criaturas más sinuosas, les excita ser subalternos y aguafiestas. Correveidiles reptan por las aguas turbulentas con la arrogancia de los simples.

 

MIRADAS

tumblr_ocdi3sEAij1shxa4ro1_500

Toda la epopeya concentrada en esta imagen congelada, se resume en la profunda divergencia de la MIRADA. Cada uno de los protagonistas, se demora en averiguar tramas distintas de lo que ve. Diferentes alucinaciones personales.

El que pinta recrea lo que acierta a descifrar de lo que aprecia. El caballero del sombrero admite el genio pero sólo pareciera que intuye; se percibe en la distancia, en el ángulo de la cabeza que observa , demasiados interrogantes.

En cuanto al perro, nos mira entre la curiosidad y la incertidumbre. Es obvio que desea comprender pero nos vigila con atención. Advierte una intromisión. Algo no funciona como debe. Duda. Y desde luego, reniega de los que ven los otros. No le interesa.

Y nosotros, a su vez, miramos a los tres que miran y conjeturamos. Sólo atravesamos una pálida luz pero seguimos en tinieblas sobre lo que vemos. Y así, eternamente.

MORAND. UN ANCLA.

De vez en cuando, con la parsimonia de un bivalvo del submundo, aspiro a encontrar reductos inéditos para cobijarme de las perplejidades que me ahogan con la  eficacia profesional de un tentáculo de acero. Así una caricia imprevista, un gesto, un fragmento de entre mil imágenes, una mirada apenas desvelada, la risa brutal de un instante fugaz, una música, un pase filtrado de 20 metros, un olor, el palpito tras un sueño sin memoria, un puñado de páginas escritas.

Anclas. Contravenenos para la estupidez alentada, el cansancio de lo mismo repetido, la mentira exquisita, la muerte cercana.

Ejemplo: este verano me he topado con PAUL MORAND. A través de una referencia extraviada, me demoré con su biografía un rato. Enseguida percibí que el consenso era inequívoco. Un enorme escritor devorado por su pensamiento. Es decir, para la corrección tiquismiquis un dandy reaccionario dotado de una prosa hermosa. Acabáramos. Un reto pues, inaplazable. Un escritor sepultado por una catarata de prejuicios. Un festín.

paul_morand

Me puse a ello, con dificultad. Apenas hay ediciones. Hay que husmear. Encontré algunas: VENECIAS, LA NOCHE ES LARGA o NUEVA YORK. Y leí con la dedicación  del que se mueve en tierra incógnita. Placer.

paul_morand_003.jpg

MORAND es estimulante , diáfano, sutil, escéptico sin la violencia del pelmazo.  Generoso en la abundancia exaltada de la Belleza y del buen juicio. Testigo crucial de los años 20, fue un viajero incansable, contradictorio pero no más que el resto, honesto en sus traspiés. Vulnerable, repudiado, rehabilitado. Jamás abatido ni destruido. Se defendió con sus textos puros y extenuantes.

Y ha vencido a la posteridad y a la ofuscación.  Hay que leerlo . Nada más.

 

HUMO DE SENECTUD

De pronto ella se acerca resuelta y dice: “Caballero, el periódico es de aquí ? Al instante, me precipito del Cuerno de la Luna y un escalofrío turbio estremece todas las esquinas del cuerpo. He cruzado la frontera, abruptamente.  No soy el eterno adolescente que interpreto, ni siquiera el tipo maduro con pretensiones mundanas.  Que va. Soy un tipo mayor.

Admito que sí no aceleró el paso no veré jamás el amanecer en un fiordo noruego. Esa es, de repente, la certeza. Así son las cosas.

Y es que, de pronto, el peso del calendario me aplasta. Siento un vértigo inapelable. Todos los frágiles delirios que todavía almaceno se hacen añicos. En los siguientes minutos mientras apuro el café y la agresión de la educada pregunta, segrego una retahíla de sensaciones robotizadas que me frustran con la radicalidad de un degüello. Sí; la mancha del tiempo que se disuelve me abraza con una obstinación que me deja desnudo frente a las tormentas.

Senectud 1 (2)

Ese “CABALLERO”susurrado, así soy visto, me ha dejado desarmado, laxo, descoyuntado. El humo madreperla de la senectud se extiende como una tormenta de polvo que me confunde y me pierde. Es decir, soy un individuo viajando en la cuenta atrás. Y me deslizó a toda velocidad. A partir de este minuto rotundo como un desgarro, cambia mí mirada sobre esa mujer que pasa, sobre su olor que intuyo. Me irrito.

Seré pues solo un lector afrancesado de Paul Morand/Julien Gracq, un seriófilo ensimismado , un fumador de puros, un pasajero del sarcasmo, un disidente impune, un hincha del Liverpool. Viajaré repetidamente a ese pueblo de la Rioja Alta que admiro y a los campos de unicornio de Terrence Blanchard. Sólo escucharé lo que necesite y aceptaré como un náufrago arrogante que desde ahora el deseo será un vislumbre azaroso, un hiato.

Robert-Doisneau. 3 . Au bistreau

Mientras camino cuento los meses para el próximo cumpleaños y lo que suma.  Maldita sea, no hay coartada, soy un caballero prejubilado que se desliza por un áspero tobogán. Si no me esmero, pronto pasearé un perro y lloraré en los crepúsculos del invierno.

 

.

HUELLAS DEL ESTÍO

Mañana del 15 de Agosto. En algún lugar de la ciudad enmudecida. Mirad esa maleta ahí abandonada. Parece despojada del tiempo en que fue instrumento fugaz para el traslado, la ausencia, el movimiento…Ahora yace desahuciada. Próxima estación: el Vertedero. Fin del Viaje. Imaginad a quien la ha depositado esta madrugada porque  ya no  le basta o porque la ha sustituido y ha decidido que se convierta en un despojo junto a todos esos infinitos rastros de otras vidas satisfechas que le acompañan junto al Contenedor. 

img_20160815_135930.jpg

Hay un cabezal de cama, una bota de niño?,cigarrillos, latas, una botella. Un concentrado ejemplar de basura de vidas consumidas al instante y arrojado en ese hueco porque no hay espacio ni tiempo para esconderlas y que no nos griten que son  el cieno de nuestra inercia. Y, a la vez, que exquisito aparece el recipiente verde, hermético, desdeñoso porque solo admite vidrio y parece detestar a esos restos vagamente humildes que enseñan sus laceraciones.

20160815_125211 [118667]

 Ved lo que fabricamos y arrojamos a la intemperie, al asfalto achicharrado. Todos esos restos desgarrados, saturados, rezumantes. Escoria satisfecha que exhibimos como huellas semánticas de rutinas centrifugadas. La cicatriz. Recuerdos de parrandas anónimas, secreciones de amanecer agotado, destilacion desaforada de fiesta, de Agosto febril, de noches prolongadas a golpes de ansiedad. 

Cuando llegue la noche, el detritus invadirá el carril-bici. Alguien se acercará a la maleza para rescatar alguna pieza codiciada que ya necrosa. Entonces, es posible que se limpie el muladar antes de que el ciclo vuelva a ponerse en marcha. A fin de cuentas, la voracidad de la especie es insaciable y no se detiene jamás.Y con el mercurio desbordado, mucho menos.

GENERACIONES

Pues bien, resulta según leo por ahí…que nuestros ancestrales primos, los HOMO ERGASTER, hace 1,98 millones de años incubaban ya en su seno pre-freudiano el estigma del cáncer y todas sus ponzoñas. Es decir, frente a nuestra petulancia contemporánea, la enfermedad maldita no es hija de nuestros desvaríos sino que ya anidaba en las cavernas donde nuestros antepasados se cobijaban de  lluvias pleistocénicas repletas de agua tibia y lascas de feldespato. Bien…

Esta certidumbre arqueológica acaba con un mito generacional y descubre la fragilidad de las convicciones de las distintas tribus genealógicas. EJEMPLO: La generación rampante del momento: Los Millennials se creen muy listos cuando miran por encima del hombro a los Babyboomers como  yo que nos aferramos a The Modern Jazz Quartet como si fuera el más puro clavo ardiendo de nuestro detritus. Esos tipos desde su narcisismo multipantalla se columpian en la vanidad de autoerigirse  como los mejores, difuminando  a los demás porque no chateamos en TELEGRAM. Error.

5Y5BLUO9_410x545.jpg

Ahora sabemos no sin melancolía que nuestros abuelos ERGASTER en su cubil acariciaban  sus extraños tumores como si fueran un Smartphone, presumiendo que esa excentricidad que los consumía no era más que una victoria simbólica frente a la Bestia que aguardaba en  el exterior.

Corolario agosteño: Por tanto la vanidad generacional es una fatuidad consentida. En realidad fuera de la cosmética , tan solo existe una realidad fosilizada como un basalto de un billón de noches. Somos todos, Millennials y Australopithecus, bípedos soberbios con la muerte emboscada en el páncreas y el gatito de la depresión brujuleando por quince regiones de nuestro genoma.

 

 

HOMUNCULUS

Allí, en la biosfera de su gestualidad, ese laberinto con el que vive la sustancia de todos sus días, destaca una docena de rictus que son el gps de lo que se adivina pudo haber sido.

Es preciso señalar que hay una oquedad en esa presencia, claro está, en toda esa geografía de muecas. Nuestro ser es un puñado de helio. Gas, polvo en suspensión, un frente frío, una isobara disuelta, un subterfugio. Un logaritmo imposible.

Vivian-Maier6.png

Y sin embargo creo adivinar en ese esbozo de mirada, en las grietas del rostro, en su forma de escrutarnos, la esbelta presencia de todas las  preguntas necesarias.

No termino de apaciguar mí apetito por convertirlo en un germen, en un ocaso, en una fiebre terminal. Es la necesidad de transformarlo en una sombra que me persiga. Pero no; es brutal su luz. La certeza que hay en sus ojos  me confirma que no poblará mis sueños. Su horizonte es limitado para viajar por la gelatina de mi cerebro. Ignora que soy otro.

No acabo de concluir si me aterra su expresión de desafío herido o la ternura del vacío que lo rodea.

El caso es que me han dicho que se dispone a viajar al otro lado, al lugar donde se construyen las tormentas. Y no puedo detenerlo.

Por lo demás, me gustan sus calcetines.