NO SABER Y SIN EMBARGO MIRAR

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Qué hay allí? A quién mira? No lo podemos saber todavía. Por esa expresión que suma escepticismo y rencor, podemos especular que algo ha sucedido que carcome y no auxilia. Ha llegado hasta este instante en que debe mostrarse firme y responder antes, quizá, de huir de nuevo.

No hay novedad en ello. Desde la desolación también hay espacio para la cólera.

En ocasiones, afirma este sujeto que es todos nosotros, utilizar la potencia de nuestra ira desamparada es una fortaleza.  Pero también una mazmorra donde hierve el resentimiento. En esa raíz, en sus tentáculos, afirman esos ojos líquidos, se cobijan los brotes de la intransigencia. El furor y su destilación más inflamada: el Odio.

Ahora, apliquemos este devaneo a los días infames que arden hoy. Nada sabemos sobre la dimensión exacta de lo que va a ocurrir, pero no dejamos de mirar las llamas. Nos queman y no importa. No cejamos. Es la supuracion  que tanto esperamos. Ser protagonistas del daño y toda esa secuencia que engendra.

No saber y, sin embargo, no dejar de mirar el fuego.

 

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DIVAGACIÓN A LA SOMBRA DEL MANZANO

Burbujea una nueva ( o recrudecida de una antigua fantasía) convulsión interna por los meandros de las tardes. Necesito comprar otro artefacto tecnologiquísimo que me arrebate de estos días miserables. El otro día vi demediado una de esas películas últimas sobre Steve Jobs y al día siguiente sin preverlo de antemano penetré desenvuelto en un templo KTuin.

De pronto, sospeché que no era yo quien estaba manoseando un IPad de 9,7 pulgadas con la delicadeza de una piedra pómez. Alguien, un troll interior me empujaba sin duda a pulsar iconos con una persistencia atribulada. No obstante, mí ánimo exaltado se apaciguó ciertamente al comprobar como alrededor otros tipos exangües manipulaban ansiosos estos trastos satánicos.

Fuera yo o mí doble extasiado, el caso es que me sentía fortalecido y lejos de la turbiedad de la actualidad venenosa. Adherido a la Máquina me alimentaba de amigables bits con una confianza ciega en el futuro que me aguardaba fuera. Estaba siendo devorado por la Pantalla Retina y me sentía cómodo y febril.

Hablé por los codos con una solicita empleada que no ahorró ninguna especificación barroca sobre la fulgida mercancía. Luz, RAM y pasta fueron sinuosidades no siempre transparentes. Mí necesidad por apropiarme del cacharro era ígnea, superlativa, sideral. Intuía que sumergirme en sus inteligentes circuitos abrasivos iba a condicionar la próxima posteridad con la potencia de una explosión cósmica.

Luego, caía la noche sobre Ktuin, me abalancé sobre el esbelto McBook Air para acariciar sus esquinas con la pulcra parsimonia de un monje tibetano. Crecía el ansia y , a la vez, las incertidumbres. Eficacia, solidez, colores, ofimática. Que hacer…

Finalmente, hiperventilado y feliz, decidí posponer la inevitable decisión. Tras el sueño agitado movería ficha. Que el hipotálamo dictara sentencia . El 1-0 gimotearía con mi Artefacto mientras al otro lado del río, las turbas se bañaban en un mar de abyección y endorfinas.

SAVONAROLATIS

Girolamo_Savonarola

Os propongo que observéis ese rostro de nariz ganchuda y labios fruncidos por una determinación resuelta y enfermiza. Es el dominico florentino Savonarola, un tipo peligroso, fanatico, inquisidor, que pretendió en su tiempo desentrañar las raíces del mal y extirparlo. Para ello, sus armas eran todas punitivas sin excepción. Prohibir, castigar, destruir, manipular, fracturar. Ardorosamente uncido por una moral sulfurica, nuestro inquisidor creó tal vez sin proponerlo, un estereotipo cósmico que ha llegado, como no, a nuestra Ciénaga saturnal.

La infección savonaralatis es, nítidamente una pandemia en todo nuestro espacio público. Los discípulos del fraile están ahí, incansables en su empeño. Sus huellas son visibles en las zarabandas de las Redes Sociales, ese enjambre pútrido, en los despachos alfombrados, en las toperas judiciales, en las trincheras mediáticas, en las calle, en los patios sombríos y armados, en las letrinas de la opacidad intelectual. Allí donde se retuercen los conceptos y se fraguan las calumnias. Un Duodeno monumental . Un Escorial miserable.

Creo ver, sí, a nuestros Savonarolas contemporáneos, igualmente macilentos y afilados, en todos esos rostros que aparecen afiebrados en la Tele; los que asisten altivos a los funerales; los que ronronean ante los micrófonos; los que sentencian manoseando la Ley; los que insultan sin cautela ni templanza; los bellacos que prometen sabiendo que mienten; los que matan y toda esa multitud que aprovecha la sangre derramada.

Una herencia pestifera que nos corroe, nos divierte y nos destruye.

SWANN

Declaro que no he leído en su totalidad la infinita obra magna de Proust. Pero, en cambio, he sido convenientemente devorado por la legión de sus apasionados hagiografos. He saltado alegremente aleatorio por las ingentes parrafadas de La Recherche sin extenuarme y, sin embargo, gracias a sus fieles entomologos conozco minuciosamente cada uno de los detalles emboscados en cada una de las locuciones del asmático escritor sideral.

La locuacidad de sus exégetas nos exime de la lectura torrencial a los cómodos turistas proustianos. Que le vamos a hacer.

Pero gracias a ello, conozco bien al Barón de Charlus o a Odette, sin necesidad de quemar mis iris en el maravilloso laberinto del meticuloso Marcel.

He aquí a Charlus

Vanagloriarme de esta actitud ventajista ante el Mito puede provocar una animadversión injustificada. No, no…no soy un estupido mezquino. Proclamo que soy un proustiano fronterizo, un advenedizo en el culto a las magdalenas que iluminan el alma humana. Pero soy un diletante, no un devoto agotado. Pese a ello juro por Swann que disfruto plácidamente de la prosa inacabable del parisino, sin la niebla de los complejos por no haber puntillosamente engullido los siete volúmenes canónicos.

ORNITORRINCOS HOZANDO EN EL CONTEXTO

Una nueva Masacre, todavía no repuestos del estremecimiento, y los Ornitorrincos ya han saltado al pasto para hozar energúmenos en el lodazal del Contexto. No falla, el procedimiento es clásico y soez. Ni siquiera dejan que se adense el dolor. Y el epítome del habitual tribalismo se dirime, como no, en el campo semántico del Periodismo.

Sin tregua, Hunos y Otros, acusan y/o exculpan apresuradamente a los autores de la Barbarie en función de sus prejuicios ideológicos. A su vez,  el ajuste de cuentas con el adversario de trinchera dogmática es inmediato. Verles, desde sus belvederes paranoicos triturando al contrario desde un gargarismo ideológico que únicamente se sostiene en toneladas de resentimiento apenas civilizado.

Schiele

Y es en Internet donde la Ciénaga se doctora apenas digerido el Terror. Sumergirse en los “digitales” y caminar sobre las brasas del delirio es inefable. A la izquierda y a la derecha, los ornitorrincos mediáticos, sin extenuación, entablan sus trifulcas dogmáticas con el impudor del converso.

Es una jauría cabalgando en un tweet  o en un espumarajo fanatizado. Los datos se mixtifican de acuerdo con el arbitrio crítico del Medio. Será a la sombra de Chomsky o de Terstch. Todo vale para la causa siempre que se amortice el desvarío con un ración suficiente de Contexto debidamente catalogado y maquillado para la ocasión.

En fin, si por lo demás el Islam anda de por medio, las escaramuzas adquieren rango nuclear. Cualquier relato levemente equidistante se arruina en medio del fragor de la soflama, la ira y el jadeo desarticulado. Todo sea por el Contexto.

Mientras, gatitos, crespones, moralina, mohines  y cursilería a borbotones hasta que nos vuelvan a matar.