ORNITORRINCOS EN LA CIÉNAGA-ENÉSIMO CAPÍTULO-

 

Hum…la Parca se pasea, desnuda irrefutable, por la Ciénaga llevándose por delante a unos cuantos Conspicuos. Esta semana han caído un par con distintas genuflexiones afectivas por parte de las tribus cenagosas –todas y cada una de ellas vergonzosas hasta el vómito–. Ornitorrincos ejemplares se han ido, dejando tras de sí sedimentaciones enfáticamente ridículas.

Los lloriqueos por Rita y Fidel y sus correspondientes replicantes feroces, han sido en su brutalidad empírica dañinos pero luminosos. Han mostrado al Cosmos el fango moral del que estamos construidos.

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Los chapoteos mientras los muertos se embalsamaban, han sido ejemplares en su laceración. Todo el rencor del que somos capaces se ha expandido geométricamente por el barro con un ímpetu salvaje; y a la par,  hemiplejía hipócrita de láudano y  vaselina en aluvión desatado.

La Ciénaga ha homenajeado a la valenciana y al habanero, con toda los colores de la impudicia y el espectáculo ha sido maravilloso en su sordidez.

LA ARAÑA STEINER

En un día como cualquier otro, aquel tipo que parecía  no haber dormido desde hacía semanas, leía un libro sentado incómodamente en el escalón helado que daba acceso a una vivienda ajena a su vida y a su presencia. Era evidente que el devastado lector provenía de alguna lejanía entrópica y que nada de lo que fuera a suceder en los minutos venideros, le concerniría lo más mínimo. Su ociosidad extrañada era de una pureza estremecedora.

-Tal vez por ello, el resto de pasajeros de la ciudad circulaban a su lado ignorándolo; no fuera que al  observarlo en toda aquella soledad calcárea,  malestares desconocidos pudieran brotar  en zonas sensibles de sus entrañas.

-La mañana era de una tibieza antigua que desteñía los colores e  impregnaba las cosas de un velo cobrizo y húmedo. Lo que nos rodeaba más que latir, exudaba.

-Por curiosidad quise saber que leía aquel hombre ausente que devoraba la paginas con una adusta firmeza. Me acerqué forzando la lentitud de mis pasos. Aspiraba a ser evanescente, apenas una molécula de polen; no quería ser inoportuno sino inexistente.

-Pude conseguirlo al fin y leí: EN EL CASTILLO DE BARBA AZUL. George Steiner.

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-Fue entonces cuando supe porque el tipo parecía embalsamado. Cierto: nada de lo que ocurriera a su alrededor le alejaría de aquel laberinto donde retozaba con la fiereza de un ser que necesita llegar al fondo del abismo. No por desvelar lo que desconoce. Tan solo por sentir la tensión nerviosa de todas las preguntas que el viejo druida,  esparce con la pulcritud enfermiza de un depredador. Apresado en la tela de araña de Steiner.

-Me aleje de aquella zozobra con rapidez. Sabía como acabaría. Otro terrícola licuado en un charco de palabras titilantes. No quería verlo. Ya había presenciado antes desgarros similares. Steiner, es un black mirror que te succiona hasta el esqueleto.

TRUMPAZO

En el Imperio hay un Ornitorrinco que se llama Trump. Hoy es el Gran Jefe que va a heredar el maletín nuclear  de Frank Underwood. En el Viejo Balneario Europeo todos están desolados y lloriquean por las esquinas.

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Pero Trump no es un energumeno sobrevenido. Es un ejemplo brutal  de la metástasis que nos engulle  con la voracidad de una morena. Un lenguaraz populista que aquí en la Ciénaga votaría a Ramón Espinar.

El atrabiliario esposo de Melania no ha llegado a nuestras vidas porque millones de subsidiados rednecks más allá de los Apalaches se hayan vueltos tarumbas. Lo ha encumbrado el fracaso de los Dinosaurios mediáticos de por allá y el ensimismamiento de las  élites políticas. Trump es la respuesta al agotamiento del sueño americano.

Este Ornitorrinco de manual  responde a la quiebra de la época: el nacionalismo identitario y la fiebre populista. Es un mercader iconoclasta. Tal vez un peligro público. Pero es que la vagina de Susan Sarandón y los editoriales de The New York Times, son ya un lastre antropológico para millones de ciudadanos perplejos por la inercia de las cosas.

 

 

 

 

 

ENDRIAGOS

En el escenario público, sin resquemor, aparecen cada día robustos en su obstinación, febriles e intactos en su mimetismo desgarradamente estéril.

Son nuestros Monstruos. Es fácil reconocerlos: Cizaña absurda que lejos de su acoso irritante nos sanan porque ya los hemos conocido y la sorpresa de su aparición ferruginosa yace sepultada.

Son una leve herida en nuestro mapa de agresiones  diarias. Apenas nos lacera su ininterrumpida presencia. Su discurso en una voluta de humo sucio que se esparce por la Ciénaga  con la velocidad de la luz. No hay huellas de su paso.

No son quiméricos; tan solo plúmbeos. Ni su lava doctrinaria nos raspa la piel, ni su inquina escolar nos amarga el sueño. No hay putrefacción en su aliento de cobra. Su aluvión de gruñidos es una retahíla que hiede solo a revancha. Destila veneno con gas mostaza. Y no es suficiente para ahuyentarnos.

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Monstruos prefabricados para el supermercado de la fabulación. Ganga que alardea su iconoclastia pero que, al cabo, se resume en lo que dura un grito. Sus exclamaciones son veniales. Su tam-tam, una muesca difusa. Disparos al aíre. Desparpajo con gas. Almax  para las degluciones en la Taberna digital.

Se devoran a sí mismos. Coléricos se alimentan de sus víctimas. Suelen enajenarse con la lluvia de neón. Se manifiestan en grupos tribales, vestidos siempre para la ocasión. Reptan por los escenarios públicos con un estruendo que se disuelve en lo que tarda en consumirse su desdén.

Son los favoritos en los tumultos y en las conversaciones. No obstante, saben que su afán es limitado como el vuelo de un cometa maltrecho.

Monstruos para estos días de nitrógeno. Sobreviven a horcajadas en el hastío. Cierto es que su presencia nos apabulla pero sabemos que son frágiles odres de palabras . Se esfumarán de pronto y su rastro se borrará como la ceniza entre los dedos.

 

 

 

 

 

 

RADIOGRAFÍA ORNITORRINCA. AGUAFUERTE.

He aquí, pues, como Míster Podemos, se manifiesta cada día que pasa como un cristalino caso de Antropología forense. Veamos: este Bípedo presuntuoso ha logrado mezclar todos los tonos del narcisismo con la banalidad sentimental y le funciona como un arpegio noble.  El mejunje hace las delicias extraviadas de una mayoría suculenta de los Media y  de  las turbas selváticas  del Magma internauta. Su construcción estética y su desparpajo teatral, son recompensadas con la cegadora luz de un exitazo inescrutable.

Es decir, el asunto merecería que se estudiaran con afán de orfebre poseído,  los abismos cerebrales de nuestros contemporáneos.

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En consecuencia, tenemos como el reinado del sátrapa es, de momento, inmarchitable. Su osadía dulcificada por las  carantoñas que regala a las multitudes, es bastante indigesta pero cuenta con el regocijo de la gente que lo adopta como lápiz labial, como mermelada de arándanos, como sacarina, como aceite de ricino, como fuego fatuo, como espuma láctea, como gasolina de cualquier delirio gaseoso.

Miradlo. Con toda esa inflación de fetiches de andar por casa, con esa media sonrisa que alimenta un ego de hipermercado, con ese aíre perenne de auriga plomizo siempre dispuesto a proferir una conjetura que nos lleve a un desierto tártaro.

En fin, la criatura es tan nuestra como los páramos monegrinos. Un sintagma de nuestra pereza ética. Un figurante con pretensiones de Nerón.

Pero sabedlo…el petulante ha crecido a la sombra de nuestro Manual de Rencores; ese substrato donde germinan todos estos polímeros efímeros y fulgurantes.

 

 

 

 

 

 

 

MICROPROSAS DESMAÑADAS

. María la Hípster habiendo leído la bibliografía completa de Don de Lillo, decidió salir de su igloo de cincuenta metros y pulsar los quejidos de la ciudad. No tardó demasiado tiempo en conocer que había nuevo gobierno: un plurimosaico  de egos preadánicos y barba de tres días. El déficit se había cuadruplicado; así como las tasas de alcoholemia y los canales de TV tribales. Alba Carrillo se había casado por decimocuarta vez con un jugador lituano de hockey hielo y media Europa era una Colonia socialdemócrata de DAESH. Las gafas de pasta ya no se estilaban y Twitter permitía escupir a la Luna en 170 caracteres.Decidió retornar a su mundo. Turno para las obras completas de Siri Hustvedt.

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. El hombre, cabeza dodecaedra, esparció una nube blanquinosa a su paso con un ademán desalentado en las solapas de la Trench. El polvillo viajó hasta la acera  suavemente y se filtró por los poros de la cerámica mohosa. Al cabo,  el tipo de los doce perfiles se disolvía por las esquinas y del suelo brotaban glicinias  de un extraño color mandarina. Alguien gritó que olía a muerto. Una nube apagó el sol de Agosto. En los ojos de los curiosos se multiplicaban retículas dodecaedras de escarcha.

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. Maisonave arrastró su reuma hasta el octavo piso del Hospital. Torció a la izquierda donde nacía un largo pasillo gris y blanco que olía a desinfectante, brisa defecada y ungüentos ácidos.  Hombres blancos arrastraban carros rebosantes de gasas desechadas, prendas arrugadas y bolsas de suero vacías. Maisonave supo entonces, sin genero de dudas, que había llegado tarde. Cualquier reconciliación no sería posible. Se interponía el avance inexorable del Gérmen en toda su magnitud. Exangüe, renunció a seguir, volvió sobre sus pasos y en la máquina del café extrajo dos Crunch. El ruido del plástico al desliarse le mostró el camino. Así pues…

 

 

 

 

 

 

 

 

ORNITORRINCOS EN LA CIÉNAGA-FLASH 4

  Tertuliantropus Simplicius.

He aquí un ejemplar seleccionado. Sujeto destacado de esta prolífica subespecie parlanchina que experimenta, en los últimos tiempos , un inaudito crecimiento vegetativo en las zonas seminobles de la Ciénaga.

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ARQUETIPO MACERANDO NO SE QUE…

 

Estos protofidios de lengua tribífida y vivaz, poseen un vocabulario limitado y acusadamente pírrico que lo simulan con ungüentos de bergamota y diazepan. Son redundantes, pepinaceos y  basicamente estériles. Gruñen en el vacío con una alegría desorbitada. Caprichosos y lenguaraces,  pueden ser ceñudos y desagradables. Sin embargo, pese a su ahinco son placebos. No dañan ni siquiera la superficie de las cosas.

Eso sí, son de una fidelidad lanar a los dictámenes de los edecanes del Lodazal. Su verborragia es un eco. Voceros de criaturas más sinuosas, les excita ser subalternos y aguafiestas. Correveidiles reptan por las aguas turbulentas con la arrogancia de los simples.