ORNITORRINCOS HOZANDO EN EL CONTEXTO

Una nueva Masacre, todavía no repuestos del estremecimiento, y los Ornitorrincos ya han saltado al pasto para hozar energúmenos en el lodazal del Contexto. No falla, el procedimiento es clásico y soez. Ni siquiera dejan que se adense el dolor. Y el epítome del habitual tribalismo se dirime, como no, en el campo semántico del Periodismo.

Sin tregua, Hunos y Otros, acusan y/o exculpan apresuradamente a los autores de la Barbarie en función de sus prejuicios ideológicos. A su vez,  el ajuste de cuentas con el adversario de trinchera dogmática es inmediato. Verles, desde sus belvederes paranoicos triturando al contrario desde un gargarismo ideológico que únicamente se sostiene en toneladas de resentimiento apenas civilizado.

Schiele

Y es en Internet donde la Ciénaga se doctora apenas digerido el Terror. Sumergirse en los “digitales” y caminar sobre las brasas del delirio es inefable. A la izquierda y a la derecha, los ornitorrincos mediáticos, sin extenuación, entablan sus trifulcas dogmáticas con el impudor del converso.

Es una jauría cabalgando en un tweet  o en un espumarajo fanatizado. Los datos se mixtifican de acuerdo con el arbitrio crítico del Medio. Será a la sombra de Chomsky o de Terstch. Todo vale para la causa siempre que se amortice el desvarío con un ración suficiente de Contexto debidamente catalogado y maquillado para la ocasión.

En fin, si por lo demás el Islam anda de por medio, las escaramuzas adquieren rango nuclear. Cualquier relato levemente equidistante se arruina en medio del fragor de la soflama, la ira y el jadeo desarticulado. Todo sea por el Contexto.

Mientras, gatitos, crespones, moralina, mohines  y cursilería a borbotones hasta que nos vuelvan a matar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RES TREMENDAE Y MIL QUINTALES DE LODO

En aquel tiempo, los ornitorrincos decidieron purgarse con aceite arco iris y enervados y odorificantes emergieron de las cuevas para ocupar los sitiales que el Orden les había reservado . Por millones desfilaron por la Rúa, según enajerataban los cronistas satisfechisimos, dibujando con sus jeribeques un cuadro rezumante y bosquimano.

 Desde el arcén de los despistados, la tangana multifruti  parecía más bien una mixtura poligonera donde los figurantes  representaban un guión artritico que la banalidad y los chamanes habían trufado de un barrizal metafórico incomprensible. El engendro con pretensiones ecuménicas exhibía toda la retahíla tremenda de clichés empleados por el Axioma para su mayor gloria. 

La Murga destilaba alcanfor y estilemas pinturrejeados, con ese marasmo de alegría impostada que es la herencia de la posmodernidad  y sus cosméticas.

Tras las homilías y los gruñidos de la Grey, el humo se disipó y allí quedaron los escombros. En Instagram, al final de la jornada , los peripateticos parecían ajados y algo fúnebres, como deglutidos por la Cienaga y el Merengue.
 

BRONTOSAURIOS

Desde que el Trumpazo ha mutado de ser un sueño ebrio a convertirse en un FACT termonuclear, las corrientes de opinión brontosauria de toda la Galaxia no duermen ni descansan. La bilis negra rezuma desde todos los resquicios neuronales entre el diletantismo y la pura aversión patológica.Se ha construido desde el primer minuto un IMPEACHMENT universal contra el nuevo @POTUS que en este segundo es ya una evidencia tan cristalina que mueve a la melancolía.

De este cataclismo sideral participan los liberales selváticos, los suaves protozoos moderados, todas las gamas existentes del gauchismo anti y post diluviano y los infinitos brotes verdes del pensamiento líquido. Todos escupen a Sanson Trump  con la misma virulencia arrogante, como si la vida les fuera en esa causa irrefutable.

 

sanson
IMPEACHMMENT

 

Es verdad que en el Planeta Tertuliano la llantina es inconsolable  y la retórica en esos campos de exterminio alcanza niveles de infarto inmediato, pero en los salones de los aristócratas del pensamiento, tan elegantes y educados siempre,  la salmodia es también desesperadamente inequívoca y suavemente adolescente. Vaya berrinche y que empalagoso.

Trump es un brontosaurio  peligroso. SI, SI.  Muy cierto. Pero, convengamos, la respuesta es tan abrumadoramente irritante como su falta de perfiles. En esta sobreexcitación universal contra el inenarrable Macho-Alfa, convive una especie de latente deseo febril que parece anhelar el Apocalipsis para esta misma tarde.

En las diatribas energúmenas contra el marido de Melania,  hay tal sobreabundancia de prejuicios que el respeto democrático por una Elección Representativa ha muerto entre mares de lágrimas cuchicheos filisteos y collejas de Madona. En ocasiones, se presiente que un Magnicidio,  ya, contra el demagogo de White House, sería considerado por el espíritu Sundance, como un hito del Estado de Derecho. Una variante justiciera del absolutismo hegeliano.

Y esto, no ha hecho más que empezar.

BISUTERÍA

Otro año. Y viene subrayado con infinitas horas de niebla y el espanto acumulado de inevitables citas en una agenda que se abalanza sin tregua. Habrá cambios en los días por venir que modificarán los pasos que he de seguir dando. No es posible frenar. No obstante, a este lado de las sombras, todavía hay espacio para la sorpresa en una mirada que se cruza y se pierde  y en un olor tibio que se adhiere durante un largo minuto y se queda conmigo durante el tiempo suficiente.

En los claroscuros de este mes de Enero me ato a un puñado de fuego fatuos y  camino por el cable eléctrico con una petulancia razonable que no pretende irritar. Así ha de ser en medio de un caos donde ruge el mar de Estoril,  se retuercen las teclas de Trifonov y  me sutura la espuma de un café que abrasa.

A cero grados, en la sucia ciudad de mis padres, me deshilvano como si fuera un extra de Louis Malle hurgando en la bisutería emocional de Ronet  que acaricia a la mujer que viaja con la ineficacia de un arácnido abúlico.

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El 2017 acaba de abrirse paso con todo el caudal de lodo que la Sociología de Guardia anuncia va a desparramarse por todas y cada una de las grietas que irrigan el Cenagal. Por lo que respecta a mis huesos, solo aspiro a llegar a salvo a los ocasos de Febrero. Para entonces, tal vez, sea el momento de mirar más allá de las turbulencias. Sigamos…

 

 

 

 

 

ORNITORRINCOS EN LA CIÉNAGA-ENÉSIMO CAPÍTULO-

 

Hum…la Parca se pasea, desnuda irrefutable, por la Ciénaga llevándose por delante a unos cuantos Conspicuos. Esta semana han caído un par con distintas genuflexiones afectivas por parte de las tribus cenagosas –todas y cada una de ellas vergonzosas hasta el vómito–. Ornitorrincos ejemplares se han ido, dejando tras de sí sedimentaciones enfáticamente ridículas.

Los lloriqueos por Rita y Fidel y sus correspondientes replicantes feroces, han sido en su brutalidad empírica dañinos pero luminosos. Han mostrado al Cosmos el fango moral del que estamos construidos.

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Los chapoteos mientras los muertos se embalsamaban, han sido ejemplares en su laceración. Todo el rencor del que somos capaces se ha expandido geométricamente por el barro con un ímpetu salvaje; y a la par,  hemiplejía hipócrita de láudano y  vaselina en aluvión desatado.

La Ciénaga ha homenajeado a la valenciana y al habanero, con toda los colores de la impudicia y el espectáculo ha sido maravilloso en su sordidez.

LA ARAÑA STEINER

En un día como cualquier otro, aquel tipo que parecía  no haber dormido desde hacía semanas, leía un libro sentado incómodamente en el escalón helado que daba acceso a una vivienda ajena a su vida y a su presencia. Era evidente que el devastado lector provenía de alguna lejanía entrópica y que nada de lo que fuera a suceder en los minutos venideros, le concerniría lo más mínimo. Su ociosidad extrañada era de una pureza estremecedora.

-Tal vez por ello, el resto de pasajeros de la ciudad circulaban a su lado ignorándolo; no fuera que al  observarlo en toda aquella soledad calcárea,  malestares desconocidos pudieran brotar  en zonas sensibles de sus entrañas.

-La mañana era de una tibieza antigua que desteñía los colores e  impregnaba las cosas de un velo cobrizo y húmedo. Lo que nos rodeaba más que latir, exudaba.

-Por curiosidad quise saber que leía aquel hombre ausente que devoraba la paginas con una adusta firmeza. Me acerqué forzando la lentitud de mis pasos. Aspiraba a ser evanescente, apenas una molécula de polen; no quería ser inoportuno sino inexistente.

-Pude conseguirlo al fin y leí: EN EL CASTILLO DE BARBA AZUL. George Steiner.

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-Fue entonces cuando supe porque el tipo parecía embalsamado. Cierto: nada de lo que ocurriera a su alrededor le alejaría de aquel laberinto donde retozaba con la fiereza de un ser que necesita llegar al fondo del abismo. No por desvelar lo que desconoce. Tan solo por sentir la tensión nerviosa de todas las preguntas que el viejo druida,  esparce con la pulcritud enfermiza de un depredador. Apresado en la tela de araña de Steiner.

-Me aleje de aquella zozobra con rapidez. Sabía como acabaría. Otro terrícola licuado en un charco de palabras titilantes. No quería verlo. Ya había presenciado antes desgarros similares. Steiner, es un black mirror que te succiona hasta el esqueleto.

TRUMPAZO

En el Imperio hay un Ornitorrinco que se llama Trump. Hoy es el Gran Jefe que va a heredar el maletín nuclear  de Frank Underwood. En el Viejo Balneario Europeo todos están desolados y lloriquean por las esquinas.

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Pero Trump no es un energumeno sobrevenido. Es un ejemplo brutal  de la metástasis que nos engulle  con la voracidad de una morena. Un lenguaraz populista que aquí en la Ciénaga votaría a Ramón Espinar.

El atrabiliario esposo de Melania no ha llegado a nuestras vidas porque millones de subsidiados rednecks más allá de los Apalaches se hayan vueltos tarumbas. Lo ha encumbrado el fracaso de los Dinosaurios mediáticos de por allá y el ensimismamiento de las  élites políticas. Trump es la respuesta al agotamiento del sueño americano.

Este Ornitorrinco de manual  responde a la quiebra de la época: el nacionalismo identitario y la fiebre populista. Es un mercader iconoclasta. Tal vez un peligro público. Pero es que la vagina de Susan Sarandón y los editoriales de The New York Times, son ya un lastre antropológico para millones de ciudadanos perplejos por la inercia de las cosas.