DIAS DE LLUVIA Y CRISTAL

DIAS DE LLUVIA Y CRISTAL

   ( Semana Santa 2.011)

  A media tarde, sentado en la hierba del talud frente al viejo y cansado río de la ciudad, me dedico a ver pasar la vida. Una piragua cruza fugaz ante mi sopor, hay nubes demasiado rotundas y oscuras hacia el Este y en la desembocadura del Huerva, dos hombres acuclillados ceban sus cañas de pescar.

 Se respira un sosiego de ausencia, aunque percibo el eco  de los centenares de ciudadanos que han huído despavoridos al otro lado de la nada. Es Martes y ya huele a incienso sedante y a cera derretida. Yo no voy a viajar; este año tampoco. Me quedo en la ciudad semivacía. Aquí me aturdiré con el trueno ritual de los tambores, con las repetidas audiciones del Dies Irae de Mozart y con las salmodias turbias en alguna procesión de la medianoche. Me basta.

  

Con Beatriz, cuando caíga la noche, saldremos a patear la ciudad y nos sentaremos en terrazas discretas para beber, cuchichear y comprobar que seguimos maniatados con un hilo de seda a  nuestros desencuentros ansiosos,  a esos rencores antiguos que tanto nos alimentan y a los deseos inevitables.

 En la cama cuando ella duerma,  leeré a Patrick Modiano, con la lluvia golpeando en la persiana, y me dejaré ir por ese abismo ensimismado donde el horizonte siempre se confunde con arrebatos insaciados.


En fín, días tranquilos de color ceniza, luz de cristal, silencios rotos, fantasmas de papel, lluvia en los párpados, pasiones sin tormenta. Semana Santa.


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