SO WHAT

      • «Y qué… Como va la vida»

         Así ha comenzado a tiznarse el día. Solo le he preguntado, neutro y suave como un susurro, lo juro, pero Telonio ha adoptado enseguida una pose agresiva, como sí yo estuviera interesado por su secreto más hondo y quisiera propalarlo a gritos en su patio de vecinos.

 Te importa , ha contestado con una especie de bramido hiriente y ha seguido a lo suyo ignorándome, como sí treinta años de amistad se hubieran esfumado en un mar de arena.

 No se le veía tan relajado como otras mañanas. Para empezar el primer café del día era doble, sin azúcar, sin churros. Y estaba leyendo las páginas de opinión de EL PAIS con una atención que, me ha parecido, deliberadamente perruna, desmedida, como si le fuera perentorio extraer del texto una verdad sin recovecos.

 No está bien, he pensado. Le habrá dejado Lola. O, tal vez, su hijo, se haya ido por fin de casa con la danesa. Su ceño era crispado y estaba sin afeitar . Es difícil verle así. Desabrido, malhumorado,terco.

  He mirado por encima de su hombro lo que estaba leyendo. Era un artículo de fondo, un “tablón” típico de ese periódico, trabado de subordinadas y con demasiados adjetivos excluyentes. Una perorata sobre lo “legal” y lo “legítimo” a propósito de los movimientos callejeros. Una lectura flatulenta a esta hora, he musitado para mí.

 Efectivamente, Telonio, debe estar atravesando un trance difícil, he concluido. Algo, no se el qué, le ha poseído esta noche como una fiebre inaudita que le está corroyendo, hurgando en las neuronas.

“]
Hurgando

 Me he alejado prudentemente de su órbita y he salido a la luz. En la calle se husmeaba un olor a tierra quemada. 

Mientras andaba he recordado que a Telonio, un optimista ferviente, solo le he visto dos veces así, febril y emputecido. En una ocasión, después de ver en la Filmoteca, “El Manantial de la Doncella” con subtítulos  en francés y el año pasado después de asistir, me pareció algo indolente al principio, a una conferencia de José Antonio Marina sobre moral y ciudadanía.

Es decir, parecería que mi amigo se transforma en un ser telúrico y mal encarado, cuando le trepanan con crueldad . Él, de natural, desinhibido y confíado, se hunde en la miseria cuando le funden los plomos. Un hartazgo de elocuencia vacua, le convierte en un ser mutante, soez y destemplado. Tal vez por eso, cuando es feliz, le gusta el jazz,  los caramelos de menta y el arroz negro con calamares. Será éso. So what.

           

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