TREINTA Y SIETE GRADOS -II-

Las 12,35 en un día cualquiera de Julio. Con Beatriz nos hemos venido a una piscina municipal del extrarradio. Hace un calor blando matizado por un viento áspero que histeriza mis chapuzones. Entro y salgo del agua con aspavientos temblorosos y escalofríos, me tumbo al sol recabando, con urgencia, su arrullo térmico y olisqueó la piel húmeda de Beatriz por sus esquinas más cálidas. Enseguida me tonifico.

Me coloco los auriculares, cierro los ojos y escucho “Stella By Starlight”, en una larga y parsimoniosa versión que disimula los perfiles de mi cuerpo y me hunde en un sopor ausente.

 

Intento vacíarme por dentro y olividar la lectura de los periódicos mientras desayunábamos. Hemos comentado que rezumaban suicidas en una radiografía brutal del páramo abisinio donde hozamos. Allí refulgía un pescadito pijo devorado por los tiburones blancos: Camps. Un asesino racista con una biografía que va a hacer las delicias de los buitres: Behring Breivik. Un torero que busca en los ojos de la bestia su inmolación: José Tomás. Una cantante frágil, huidiza y sentimental que, al fin, se ha dejado caer desde el  alambre: Amy Winehouse.

Todos, a esta hora, convertidos ya en carroña para la tribu.

 Memento mori

Vuelvo al agua, tan fría. Por debajo, todo es diáfano y suspendido. Nado en silencio. No hay ruidos, ni ese hiriente estropicio ambiental que nos acompaña. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s