MICROTERTULIOFOBIAS

Aquella tertuliana era tan vehemente que escupía los argumentos. Luego recogía los fragmentos diseminados en el rostro de sus interlocutores y los guardaba, celosamente, en una bolsita de latex.

                                                                     ****

Aquel tertuliano era tan visceral que maceraba sus diatribas en la vesícula, alimentaba su adrenalina con películas de Haneke e incendiaba su lengua ofidia con chupitos de hiel.

                                                                     ****

Aquel tertuliano era tan sectario que renegaba de sus propias insidias, cuando sus rivales las aceptaban como hechos probados. 

                                                                     ****

Aquella tertuliana era tan ególatra que ensayaba ente el espejo, las muecas despectivas, el movimiento de las manos, la afectada caída de los ojos y los generosos aspavientos que, en directo, mostraría al mundo junto a los pendientes de jade, el colgante de amatistas, las blusas de Victorio y Luchino  y su acreditada necedad. 

Tertulieando
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s