COLUMNITIS

Una pesadilla crece y se reproduce, extasiada, en nuestro Periodismo: los columnistas. Forman una tribu gregaria que, al parecer, disfruta de su condición. Hay decenas de ellos y se extienden como una mancha de petroleo. Pertenecen a una estirpe que se retroalimenta. Disponen hasta de su árbol genealógico propio. Algunos de ellos, los más ternes, pertenecen al Pleistoceno y aquí siguen; otros son jóvenes aírados con pretensiones infalibles. Es la nueva Torre de Babel.

Suelen ser, con las excepciones de rigor,vehementes,sectarios, altivos, fatuos, doctrinales,  apocalítpticos y etc. Destilan sus fobias con ese aíre narcisista que les nutre como un virus sediento. La mayoría lucen prosas envanecidas y tienen patente de corso.

Yo he ido depurando mis preferencias hasta el grado cero. Ultimamente solo hay tres autores que, de vez en cuando, me apetece leer. Pedro G. Cuartango en el ámbito moral, Santiago Segurola en el deportivo y Cristina Losada en el cenagoso archipiélago de la politiquería.

Por ahora no necesito más, entre tanto chamán arrogante.

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