POLVO FLOTANDO


La mujer, abstraída, embadurna los churros en el chocolate con una especie de convulso frenesí. La observo. Tendrá una edad indefinida entre los 40 y los 60. Rubia natural se ha peinado esta mañana con precipitación. Tiene una mirada hosca, enfurruñada, tras unas gafas con montura color cereza. Viste prendas negras y blancas amontonadas por encima de un cuerpo sin curvas. Suena el móvil, mira la pantalla con kilos de pereza y lo apaga. Engulle con brusquedad el churro embalsamado. Parece perdida, vulnerable;  como Gatsby, desgastada por un turbio polvo flotando en la estela de sus sueños.

Pero no estamos todos así en este comienzo del año ? Cuando me muevo por las calles, entre ríos de barro desbordado desde las alcantarillas y oleadas de gente gesticulante haciendo cola en las Administraciones de Lotería, percibo un pulso ciudadano acelerado, ansioso; pero perdido

                                                  Mutantes chapoteando en las rebajas. Lectores de periódicos gratuitos festejando a codazos,  los últimos desmanes de esa epidemia tóxica llamada agapitismo. Amigos ungulados de Elena Valenciano y feligreses basiliscos de Cesar Vidal, incendiando la Red con trolas y basura. Tipos ociosos devorando bocadillos de tortilla a media mañana, en archiconcurridas barras de bar. Pandillas recién llegadas de las venas de la noche. Un ajetreo estridente y vació. Turbio polvo flotando.

He leído esta mañana que han encontrado una canción perdida de The Doors. La que completaría su último albúm L.A. WOMAN. He recordado que tengo ese vinilo emboscado entre otras decenas, en un pequeño armario de mi casa. Y siento que me han robado una porción de cielo. Como si hubiera extraviado un minúsculo fragmento, un minuto de vida, una pizca de mí pequeña historia personal en medio de la tormenta.

Aquella vida fugada

Miro a la rubia del chocolate que se limpia los labios con una servilleta. Me pierdo en el laberinto de su cara. Ella se da cuenta. Se quita las gafas y clava sus ojos verduscos en mi estupor. Aguantamos la mirada y sonreímos, como si fuéramos cómplices en un viaje sin destino, más allá de los churros macerados y de esa desgalichada melancolía que nos anima, cuando  todavía faltan tres semanas para que sea Febrero.

Seguimos flotando…

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