LA SOMBRA DEL PADRE

 He vuelto a Philip Roth como una tarea impuesta tras conocer que le ha caído en suerte el Premio Príncipe de Asturias de las letras. Lo descubrí a medias en los 80 cuando leí EL LAMENTO DE PORTNOY, MI VIDA COMO HOMBRE o LA VISITA AL MAESTRO. Pero enseguida lo arrinconé perseguido por otras urgencias. Más tarde leí PASTORAL AMERICANA y acabé exhausto. Lo orillé, otra vez. 

En estos días de Junio, lo he recuperado leyendo PATRIMONIO. UNA HISTORIA VERDADERA. Un libro de madurez, preciso como un laser y escalofriante. Está escrito durante la enfermedad y agonía de su padre, muerto a los 86 años, consumido por un tumor.

Es duro, perturbador, torrencial. Una radiografía quirúrgica sobre las relaciones tortuosas de Roth con su padre a lo largo de los años y, al tiempo, una declaración de amor, sincera, emotiva, sensible y luminosa. También dañina. 

Dejo aquí un fragmento de esta confesión que te atraviesa como un cuchillo hayas ó no recorrido esa misma senda biográfica:

« Morir cuesta trabajo y él era un buen trabajador. Morir era horrible y mí padre se estaba muriendo. Le cogí la mano que, ella sí, aún conservaba el tacto de su mano; le palpé la frente que, ella  sí, aún conservaba el aspecto de su frente; y le dije todas las cosas que ya no podía recibir. Afortunadamente, nada le dije aquella mañana, que él no supiera ya de antes.»

Roth, al final, apunta que no hay que olvidar nada. Somos demasiado vulnerables a la sombra de los recuerdos. Fantástica.

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