THE BOSON BLUE´S

Atrapado en la M-40 camino del Tanatorio de Tres Cantos, he escuchado en la Radio, por primera vez, el palabro de moda: Bosón de Higgs. Un señor de aíre eufoniquísimo hablaba sobre ese fenómeno. Parecía muy féliz el hombre regodeándose con el estupor de quienes le acompañaban en su larga perorata. Yo que solo pensaba en la muerte y en el rictus que deja el Mal en la cara espantada de los demás, no daba crédito.

Todavía no sé muy bien que son los malditos neutrinos y veo, asombrado, como la tribu se embarca alborozada en un nuevo galimatías paleto sobre esta partícula que es, algo así, como un megaprotón brutal que va a explicar porque estamos en este mundo tan a gusto,  destruyéndolo.

Bosononeando

En el velatorio, no se hablaba de otra cosa: del muerto, de un familiar que no ha venido, vaya, y de ese bosón que anularía la idea de Dios y que, acaso, demuestra que hemos surgido de un estallido de quarks, gluones y otras masas inacabables.

Miro la caja donde descansa el muerto, ajeno a este nuevo big-bang en 13 Rue del Percebe, por si veía aletear en el eter al dichoso bosón, reconstruyendo lo que los virus tumorales han gangrenado. Pero sólo percibo unas flores que comienzan a deslucirse y la mirada perdida de una señora de pelo tirando a malva que musita una salmodia secreta que, ni siquiera, Higgs podría descifrar en toda su cristalina intensidad dolorida.

Charrando sobre esa cosa del bosón

El mundo es de las cosas pequeñas, me he dicho, y no de un trillón de electronvoltios alucinando en el infinito. No se…

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