TREINTA Y SIETE GRADOS – I –

     A esta hora infinita, la luz sigue siendo clara y brutal. Enfrente hay macetas secas, pajizas, sin dueño, en casas abandonadas. No hay voces en la calle; se oye solo el ronroneo de máquinas con aíre artificial. En la tele lucha un judoka coreano con uno de los nuestros. El de aquí pierde por una decisión de los jueces que, tan necesitados de batallas triunfales, se interpreta en clave de conspiración.

Todos los que conozco se han ido o están en trance de hacerlo. Me escriben correos precipitados, balbuceando afanes que no controlan: Se están divirtiendo.

Pero aquí, mientras sorbo una multinfusión con hielo y sabor a ciruela, me limito a escuchar, en calma, como el torrente de los minutos se despeña un día más. Nadie espera nada. Sólo que no termina nunca este incesante sol que agobia y ese implacable cielo limpio como el filo de una guadaña.

To be continued…

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