TREINTA Y SIETE GRADOS -II-

 He visto a unos cuantos ornitorrincos con barriga, dirigir asaltos a Supermercados para confiscar alimentos que, acaso, nutrirán a unos cuantos elegidos parias de la tierra. Un minuto después, los he visto en sueños, pitorreándose de la perfomance mientras deglutían cervezas y enhebraban chistes forzados sobre las gimnastas chinas de la tele.

El espectáculo hiede. Es una de esas supercherías que tanto entusiasman a los bereberes que pueblan la forolatría, donde se lincha con voracidad y memoria selectiva.

Desjarretando

Hay en este ambiente calcinado, una tendencia desbocada al menudillo y al despojo, a repantingarse en la arena, a esperar la desolación y las tormentas, mientras, entretenidos, desollamos al prójimo.

Se respira una halitosis embriagada, una ansiedad apenas reprimida para que todo estalle. 

Hay demasiados miserables ufanos de serlo  y que se cuente con ellos. Están ahí, chiflados narcisistas, incendiando los telediarios de Agosto. Solo hay que identificarlos.

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