TREINTA Y SIETE GRADOS -III-

Sin remisión. El desierto avanza y se nos come. Alguien dice que ha avistado dromedarios pastar en los sequerrales del río marrón cuando el sol se oculta, con esa parsimonia letal que licúa mís músculos de mirar, tras el puente de la Hadid.

Detrás de La Seo, hay puestos donde puedes comprar panes de anís y líquidos de escaramujo. En la megaplacenta de la ciudad, las turbas se mueven con miradas de esparto, hombres con sed se abanican con cartones y mil niños bañan sus pies en el humedal que refresca a nuestro Goya con verdín.

Beatriz se descalza y camina como a saltos mientras nos engulle una especie de voluptuosidad macerada en sudor que deprime y, a la vez, nos exalta. Huelo la sal en todos esos cuerpos que brillan como ascuas.

Y es que ardemos en este Yemen de Agosto como minúsculos paramecios cocinados en piedras bajo un sol lunático.

 

En fin, nos refugiamos en uno de esos Smöoy que nos sale al paso . Devoramos un par de montañas de yogurt helado y kiwi y huímos a las fauces de la nave Prometheus para recuperar el aliento.

To be continued…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s