MELANCOLIA

 Aquí, sentado frente a una filigrana de DURERO, una delicada pieza labrada a buril que me absorbe, me siento ajeno al ruido. La obra grabada se llama MELANCOLÍA . El artista se recreo en este trabajo, preciso como una tortura, hace unos quinientos años. Aún me pasma y me provoca este mínimo deambuleo intravenoso.

A la derecha de la estampa, leo un recuadro de catálogo donde se informa que el alemán, se inspiró en las teorías de la época sobre los cuatro humores que condicionaban al hombre: sanguíneo, colérico, flemático y melancólico.

Durero eligió el último fluído que, a su vez, sería una alegoría del otoño, del abatimiento, de la somnolencia.

La obra es hermética y un poco sobrecargada de símbolos y osuridad, pero me vale.

 

Cúal de estos fluídos circula por mis tripas ? Desde luego no la cólera. Más bien tiendo a la somnolencia. Entonces…

Melancolía. Bilis Negra. Está bien. Me detengo un poco más en su contemplación. Cuando salgo a la calle, es ya de noche. Comienza el otoño. Allá vamos.

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