CIGARRILLOS Y CAFE

Cuando el mundo abría grietas y jugueteábamos a dejarnos un ridículo bigotillo, como el de Otis, solíamos reunírmos todas las tardes, como una tribu hermética, en torno al monaural . Allí pinchábamos sin sosiego vinilos del profundo sur. No sabíamos nada, pero aquellas voces rotas y aquel ritmo persuasivo, nos excitaba. Fue por entonces cuando empezamos a afilárnos los pantalones con la plancha de mama y a colgarnos al cuello unas estúpidas corbatillas de cuero con una goma. Sin pretenderlo, estábamos pisando la tierra de las mil danzas .

En la tierra del fuego

Mucho más tarde supimos que aquel sonido que nos hacía estallar por dentro mientras baílabamos mascando chicle, se llamaba Rhythm and Blues. Y nos aprendimos los nombres como si fuera un rito. La gran Aretha, Joe Tex, Arthur Conley, Eddie Floyd ,Otis y toda la pandilla.

 

Luego llegó Marvin Gaye y escalaríamos algunos pisos más. Tantos como los necesarios hasta llegar a los cuellos de la chicas, en los rincones más oscuros.

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