BLACK IS BLACK/ UNA TARDE EN EL JARDIN

Black, mi amigo ocasional, trabaja estos días de jardinero ( titubeante) en la macrochoza que un abogado penalista tiene por Cuarte. Este mes sus afanes denotan un conato de alegría pasajera. Así, mientras hace injertos, corta pedúnculos y cultiva madreselvas, se abstrae con The killers En los ratos de ocio, estudía la doctrina sintoísta y lee a James Sallis. No lo reconozco.

Esta tarde toca visita y cervezas bajo los tilos. Para pasar el rato, charlamos encadenando risas a propósito de los telómeros, la tensión arterial, los toros y la sangre espesa, la impunidad de los fatuos, las salsas con jengibre, los Batman de Nolan, los problemas del páncreas y el recuerdo brumoso de los padres. En este puré caótico nos extraviamos en un tiempo sin límites hasta que nos envuelve la noche y se acaban las cervezas.

Entonces, Black prepara una cena fría con vegetales y pollo con nueces y cúrcuma.

Black nos mira

Mas tarde, resbalamos en una semblanza rápida sobre la muerte del nonagenario protomartir de Enjuagueslandia y nota a pie de página sobre el excitante silencio de los corderos, siempre tan sórdido y elocuente.

Black despotrica un rato sobre este asunto vidrioso y, a la vez, transparente. Ah…esa viscosa memoria selectiva de los ornitorrincos y todos sus satélites.

Luego, en otra noche húmeda y abisinia, líamos pitillos y enmudecemos escuchando como crece la glicina y el zumbido de mil insectos entre los parterres.

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