EL OJO MUDO

Y de pronto el monitor, traídor, murió. Fundido en negro.

El ojo fosforescente que me comunica con el mundo exterior se apagó, obstinado y exhausto, dejándome abandonado frente a una densa oscuridad. Así, huérfano e inerme, requetedescubrí la dependencia, cruel, que me sutura a esos nosecuantos pixeles devastados que habían dejado de trepanarme.

Las dieciséis pulgadas de la vieja pantalla eran un muro de tinieblas y silencio. Cero y nada. Toqueteé los cables, pulsé histérico teclas e interruptores pero el vacío olía ya a polimeros abrasados para toda la eternidad.

Al día siguiente corrí, como fenicio arrebatado, a uno de esos proveedores masivos donde duermen estas máquinas de satanas. Fui asesorado, inducido y moldeado para elegir otro. Dudé durante algunos segundos y arramble con el artefacto.

Bien, ya he regresado de entre los muertos. El ojo del cíclope, bit, bit,  refulge de nuevo frente a mí y puedo teclear y sumergirme en este magma de cristal líquido que me une con Babel y el infinito.  He vuelto.

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