JIM CROCE

Se llamaba JIM CROCE. Apareció en los pequeños clubes de ciudades oscuras y en las emisiones nocturnas de las FM, en el poshippismo. Se murió prematuramente, en un accidente de avión y dejo un puñado de buenas canciones.

Lo “pinchaban” y lo escuchábamos mucho durante una época. Era más duro que el melifluo John Denver, por eso nos gustaba, y tan sensible como James Taylor o el gran Gordon Ligthfoot. Lacónico y sugerente, olía a tormenta en la autopista y sus historias de amor y melancolía nos sonaban siempre como invernales y suavemente desgarradas. Os dejo ésta, por ejemplo: ALABAMA RAIN.

 

A este cantante y camionero, lo resguardo también en el armario de los intemporales. De vez en cuando, me acuerdo que está ahí, y le doy unas vueltas para quitarle el moho. Suena bien todavía.

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