LECTURA DE PRENSA

      He leído que un “tuit” lanzado al espacio emite un 0.02, del CO2 que nos comemos. Es decir que 100.000 de esos “tuits” inútiles que tanto menudean, equivaldrían a lo que consume diariamente un simio informatizado para poder seguir pagando impuestos. Sigamos, dado que el Papa ha estrenado una cuenta vaticana y en su primer “hashtag” se le han sumado 600.000 adictos fidelísmos, podríamos argumentar que el Ciudadano Ratzinger se nos ha convertido en un potencial delincuente ecológico. Al igual, pour example, que Mister Obama cuyo “tuit” en la noche que resultó reelecto fue rebotado 800.000 veces en el cosmos recalentado de Twiterlandia. Que tal…

Pero hay más, en el mismo papel he leído, ya extenuado, que el sacrificio selectivo de las simpáticas ocas supercebadas, puede derivar al final de la cadena en delicadas miniaturas semánticas que, incluso, se comen como un “Foie al café con consomé de cardamomo y/o un “Foie con sirope de ratafía y pino”. Hum…

Sólo para divertirme, al calor de esta doble especie, me apetece lanzar pues esta intrascendente mini-meditación: Twiter y todos esos restaurantes de la Guía Michelín, fundamentarían su bien merecido prestigio en el exterminio.

 Ya se que es llevar el asunto muy lejos, pero es que son estas las ideícas que, a la vuelta de casi todo, excitan mí cansado cortex.

Después de un twit

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