HOJARASCA

Mañana del Día de Navidad en algún lugar donde el silencio era ensordecedor. Hacía un frío soportable, recién engendrado por una lluvia entrometida en la madrugada espesa de otra noche inevitable.

Caminaba entre la hojarasca que crujía como el papel quemado. Todo el mundo dormía. Menos yo que me dirigía hacia el río, junto al parque infantil, donde la hierba engulle a los columpios.

25-12-13
25-12-13

Más tarde me topé con una madre con dos niños y a un tipo con auriculares verdes que corría por la senda embarrada.

La mañana comenzaba a bostezar y yo regresaba a casa para seguir comiendo. 

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