RIE LA HIENA

En nuestra ciénaga, los ornitorrincos limpian la sangre de sus colmillos retorcidos. Han abatido a un periodista y tal hecho, circunstancial (?), les solaza con todos los acreditados perfiles histéricos de la tribu.

El sujeto, todo talento y soberbia, ha mordido el polvo. Bien, pero en este pudridero hay epitafios tan viles que deberían envenenar a sus autores. Hay hienas más elegantes.

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En el fondo, toda la secuencia de los hechos, con sus elementos grotescos y obsesivos, es el espejo nítido y furioso que refleja el mapa de las miserias que nos acompañan en esta turulata caída hacia el descoyuntamiento.

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