TRUMPAZO

En el Imperio hay un Ornitorrinco que se llama Trump. Hoy es el Gran Jefe que va a heredar el maletín nuclear  de Frank Underwood. En el Viejo Balneario Europeo todos están desolados y lloriquean por las esquinas.

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Pero Trump no es un energumeno sobrevenido. Es un ejemplo brutal  de la metástasis que nos engulle  con la voracidad de una morena. Un lenguaraz populista que aquí en la Ciénaga votaría a Ramón Espinar.

El atrabiliario esposo de Melania no ha llegado a nuestras vidas porque millones de subsidiados rednecks más allá de los Apalaches se hayan vueltos tarumbas. Lo ha encumbrado el fracaso de los Dinosaurios mediáticos de por allá y el ensimismamiento de las  élites políticas. Trump es la respuesta al agotamiento del sueño americano.

Este Ornitorrinco de manual  responde a la quiebra de la época: el nacionalismo identitario y la fiebre populista. Es un mercader iconoclasta. Tal vez un peligro público. Pero es que la vagina de Susan Sarandón y los editoriales de The New York Times, son ya un lastre antropológico para millones de ciudadanos perplejos por la inercia de las cosas.

 

 

 

 

 

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