BISUTERÍA

Otro año. Y viene subrayado con infinitas horas de niebla y el espanto acumulado de inevitables citas en una agenda que se abalanza sin tregua. Habrá cambios en los días por venir que modificarán los pasos que he de seguir dando. No es posible frenar. No obstante, a este lado de las sombras, todavía hay espacio para la sorpresa en una mirada que se cruza y se pierde  y en un olor tibio que se adhiere durante un largo minuto y se queda conmigo durante el tiempo suficiente.

En los claroscuros de este mes de Enero me ato a un puñado de fuego fatuos y  camino por el cable eléctrico con una petulancia razonable que no pretende irritar. Así ha de ser en medio de un caos donde ruge el mar de Estoril,  se retuercen las teclas de Trifonov y  me sutura la espuma de un café que abrasa.

A cero grados, en la sucia ciudad de mis padres, me deshilvano como si fuera un extra de Louis Malle hurgando en la bisutería emocional de Ronet  que acaricia a la mujer que viaja con la ineficacia de un arácnido abúlico.

ronet

El 2017 acaba de abrirse paso con todo el caudal de lodo que la Sociología de Guardia anuncia va a desparramarse por todas y cada una de las grietas que irrigan el Cenagal. Por lo que respecta a mis huesos, solo aspiro a llegar a salvo a los ocasos de Febrero. Para entonces, tal vez, sea el momento de mirar más allá de las turbulencias. Sigamos…

 

 

 

 

 

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