RES TREMENDAE Y MIL QUINTALES DE LODO

En aquel tiempo, los ornitorrincos decidieron purgarse con aceite arco iris y enervados y odorificantes emergieron de las cuevas para ocupar los sitiales que el Orden les había reservado . Por millones desfilaron por la Rúa, según enajerataban los cronistas satisfechisimos, dibujando con sus jeribeques un cuadro rezumante y bosquimano.

 Desde el arcén de los despistados, la tangana multifruti  parecía más bien una mixtura poligonera donde los figurantes  representaban un guión artritico que la banalidad y los chamanes habían trufado de un barrizal metafórico incomprensible. El engendro con pretensiones ecuménicas exhibía toda la retahíla tremenda de clichés empleados por el Axioma para su mayor gloria. 

La Murga destilaba alcanfor y estilemas pinturrejeados, con ese marasmo de alegría impostada que es la herencia de la posmodernidad  y sus cosméticas.

Tras las homilías y los gruñidos de la Grey, el humo se disipó y allí quedaron los escombros. En Instagram, al final de la jornada , los peripateticos parecían ajados y algo fúnebres, como deglutidos por la Cienaga y el Merengue.
 

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