Categoría: DIETARIO

MENORQUEANDO

MENORQUEANDO

Este mar de Febrero es otro. No está alterado por la sumisión al sol y al abigarramiento. Solo es sigilo y rumor. Las casas vacías, los senderos sin huellas. Ausencia de multitud. Solo merodea un código secreto para disfrutar del enmudecimiento sin coartada.

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ANNIVERSAIRE FUGIT

Este domingo, 28, cumplí un nuevo año en esta tierra de las mil danzas y para festejarme huí a esta fronda con mi alma a cuestas.

Por aquí deambulé sin mapa buscando el centro del laberinto. Fui relativamente feliz agotándome en el intento. El silencio esmaltado por inciertos rumores intuidos fue un compadre cómplice. Apenas sirvió para apaciguar el múltiple rastro de la pérdida pero cuando acabó supe que, en parte, había funcionado como un ansiolitico fugaz.

Algo más tarde, envuelto en la hojarasca, supe que en esta misma jornada nació el pintor Pollock, el escritor Kadare, el músico Robert Wyatt, Tomas de Aquino, el explorador Stanley o el cínico Ernest Lubitsch. A todos ellos, en una hora calma, les ofrecí un trozo de ese cielo traslúcido. Apaciguado regresé al pueblo para comer largo y tendido y fumar los 129 Milímetros del Cohiba Petit Corona que había arrastrado hasta la Selva para celebrar que unos cuantos aminoácidos todavía no me han abandonado. Hasta este punto llega la épica de mis días.

Y SOMOS ASÍ CUANDO NOS VAMOS

Fue así. Mediodía de la última jornada del año. Comía en un restaurante cercano con su hermano. Suena su Móvil. “Ya estáAcabemos de comer…” Pero no pude y regresé corriendo a la 911. Se había ido al Otro Lado hacía unos minutos. Toqué con lentitud su brazo derecho; transmitía todavía calor. Sin embargo, su rostro, afilado por la crisis y el vértigo, estaba desencajado. Sorprendido y agotado. Había  muerto.

Apenas siete días, ásperos, brutales, arbitrarios, sin deliberación entre nosotros, sin atarnos con adioses apresurados. A cada TAC, la Carcoma se extendía sin tregua. Líquidos, latidos, trombos, isquemias, jadeos ácidos, células ajusticiadas. Y a cada paso, en cada intervalo postrero, los especialistas me dosificaban la información que, gradualmente,  cerraba el círculo de un Diagnóstico obstinado. El fin…

MUERTE

Y, al cabo, la sedación para hacer sencillo el transito y verla como se va sin más, como sí el tiempo solo fuera una nube que se pierde al otro lado del cristal.

De esta manera, al filo de la última noche del 17, no vuelvas jamás, se acaban 32 años de afectos y distancias en el laberinto.

………

A partir de entonces, velocidad y desasosiego: palabras que pretenden ser balsámicas pero que no dejan huella. No consigo llorar. Preparamos, el funeral, las flores, los respingos del adiós incinerado. Y de pronto, no queda nada, cenizas y rosas rojas. Así somos cuando nos vamos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LACAYISMO BIODEGRADABLE

Mirad, este es el protocolo que funciona, unísono por cierto, con algún sesgo tornasol: Somos lacayos porque es placentero y natural. Ecochulo.

Esta tarde, sin ir más lejos, he visto androides como yo que discutían mercurialmente en un paso de cebra. Su gesticulación era pura marioneta, pretendían que los ociosos testigos ratificaran sin adivinar la razón. Solo exigían la contundente exculpación y/o el castigo, sin medias tintas. No es No y toda esa reliquia sulfúrica. El incidente ha durado un espasmo pero el regocijo supuraba en las miradas de la Tribu.

Más allá, a la vuelta de la esquina, varios petimetres con tatuajes en los párpados, sometían a un juicio sumarísimo a un compadre angustiado que les miraba con los ojos escarchados. Aducían deudas ocasionales y algún agravio desteñido pero acuciante. El tipo acusado encajaba los golpes con una sumisión dolorida. Me pareció muy eficaz su lacayismo. Lejos de ser una tara, se dibujaba como una treta escueta pero, a la vez, razonablemente enojosa para los Trolls que le escupían.

En el Bazar nepalí una horda de clientes en fase 5 de extravío requerían explicaciones por una mercancía dudosa.  El propietario, un misterioso ser afable, dueño de una endeblez extrema, regurgitaba sonrisas mientras canturreaba una letanía interminable de lo que sospecho eran explicaciones torturadas. La horda amenazaba con delirantes autos de fe policiales, jurídicos, desopilativos. El hombre-mineral agradecía los torrentes de hiel y se defendía con todo tipo de mohines lacayunos.Sorprendentemente,  el ataque cedió de pronto, una nube de impotencia invadió la histeria de los tumultuosos y el nepalí de cristal les acompañó a la puerta con esa cálida mansedumbre que envidio. Sobre el mostrador, la mercancía desahuciada parecía sonreír satisfecha .

No sigo. La horma es eterna. El mecanismo no se altera sea cual sea el escenario o el enjuage. Es una sepsis. Un estereotipo.

Nuestra tendencia es la servidumbre. Lacayos preservativos todo a cien.

DIVAGACIÓN A LA SOMBRA DEL MANZANO

Burbujea una nueva ( o recrudecida de una antigua fantasía) convulsión interna por los meandros de las tardes. Necesito comprar otro artefacto tecnologiquísimo que me arrebate de estos días miserables. El otro día vi demediado una de esas películas últimas sobre Steve Jobs y al día siguiente sin preverlo de antemano penetré desenvuelto en un templo KTuin.

De pronto, sospeché que no era yo quien estaba manoseando un IPad de 9,7 pulgadas con la delicadeza de una piedra pómez. Alguien, un troll interior me empujaba sin duda a pulsar iconos con una persistencia atribulada. No obstante, mí ánimo exaltado se apaciguó ciertamente al comprobar como alrededor otros tipos exangües manipulaban ansiosos estos trastos satánicos.

Fuera yo o mí doble extasiado, el caso es que me sentía fortalecido y lejos de la turbiedad de la actualidad venenosa. Adherido a la Máquina me alimentaba de amigables bits con una confianza ciega en el futuro que me aguardaba fuera. Estaba siendo devorado por la Pantalla Retina y me sentía cómodo y febril.

Hablé por los codos con una solicita empleada que no ahorró ninguna especificación barroca sobre la fulgida mercancía. Luz, RAM y pasta fueron sinuosidades no siempre transparentes. Mí necesidad por apropiarme del cacharro era ígnea, superlativa, sideral. Intuía que sumergirme en sus inteligentes circuitos abrasivos iba a condicionar la próxima posteridad con la potencia de una explosión cósmica.

Luego, caía la noche sobre Ktuin, me abalancé sobre el esbelto McBook Air para acariciar sus esquinas con la pulcra parsimonia de un monje tibetano. Crecía el ansia y , a la vez, las incertidumbres. Eficacia, solidez, colores, ofimática. Que hacer…

Finalmente, hiperventilado y feliz, decidí posponer la inevitable decisión. Tras el sueño agitado movería ficha. Que el hipotálamo dictara sentencia . El 1-0 gimotearía con mi Artefacto mientras al otro lado del río, las turbas se bañaban en un mar de abyección y endorfinas.

SWANN

Declaro que no he leído en su totalidad la infinita obra magna de Proust. Pero, en cambio, he sido convenientemente devorado por la legión de sus apasionados hagiografos. He saltado alegremente aleatorio por las ingentes parrafadas de La Recherche sin extenuarme y, sin embargo, gracias a sus fieles entomologos conozco minuciosamente cada uno de los detalles emboscados en cada una de las locuciones del asmático escritor sideral.

La locuacidad de sus exégetas nos exime de la lectura torrencial a los cómodos turistas proustianos. Que le vamos a hacer.

Pero gracias a ello, conozco bien al Barón de Charlus o a Odette, sin necesidad de quemar mis iris en el maravilloso laberinto del meticuloso Marcel.

He aquí a Charlus

Vanagloriarme de esta actitud ventajista ante el Mito puede provocar una animadversión injustificada. No, no…no soy un estupido mezquino. Proclamo que soy un proustiano fronterizo, un advenedizo en el culto a las magdalenas que iluminan el alma humana. Pero soy un diletante, no un devoto agotado. Pese a ello juro por Swann que disfruto plácidamente de la prosa inacabable del parisino, sin la niebla de los complejos por no haber puntillosamente engullido los siete volúmenes canónicos.

ORNITORRINCOS HOZANDO EN EL CONTEXTO

Una nueva Masacre, todavía no repuestos del estremecimiento, y los Ornitorrincos ya han saltado al pasto para hozar energúmenos en el lodazal del Contexto. No falla, el procedimiento es clásico y soez. Ni siquiera dejan que se adense el dolor. Y el epítome del habitual tribalismo se dirime, como no, en el campo semántico del Periodismo.

Sin tregua, Hunos y Otros, acusan y/o exculpan apresuradamente a los autores de la Barbarie en función de sus prejuicios ideológicos. A su vez,  el ajuste de cuentas con el adversario de trinchera dogmática es inmediato. Verles, desde sus belvederes paranoicos triturando al contrario desde un gargarismo ideológico que únicamente se sostiene en toneladas de resentimiento apenas civilizado.

Schiele

Y es en Internet donde la Ciénaga se doctora apenas digerido el Terror. Sumergirse en los “digitales” y caminar sobre las brasas del delirio es inefable. A la izquierda y a la derecha, los ornitorrincos mediáticos, sin extenuación, entablan sus trifulcas dogmáticas con el impudor del converso.

Es una jauría cabalgando en un tweet  o en un espumarajo fanatizado. Los datos se mixtifican de acuerdo con el arbitrio crítico del Medio. Será a la sombra de Chomsky o de Terstch. Todo vale para la causa siempre que se amortice el desvarío con un ración suficiente de Contexto debidamente catalogado y maquillado para la ocasión.

En fin, si por lo demás el Islam anda de por medio, las escaramuzas adquieren rango nuclear. Cualquier relato levemente equidistante se arruina en medio del fragor de la soflama, la ira y el jadeo desarticulado. Todo sea por el Contexto.

Mientras, gatitos, crespones, moralina, mohines  y cursilería a borbotones hasta que nos vuelvan a matar.