Categoría: IDEAS

NO SABER Y SIN EMBARGO MIRAR

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Qué hay allí? A quién mira? No lo podemos saber todavía. Por esa expresión que suma escepticismo y rencor, podemos especular que algo ha sucedido que carcome y no auxilia. Ha llegado hasta este instante en que debe mostrarse firme y responder antes, quizá, de huir de nuevo.

No hay novedad en ello. Desde la desolación también hay espacio para la cólera.

En ocasiones, afirma este sujeto que es todos nosotros, utilizar la potencia de nuestra ira desamparada es una fortaleza.  Pero también una mazmorra donde hierve el resentimiento. En esa raíz, en sus tentáculos, afirman esos ojos líquidos, se cobijan los brotes de la intransigencia. El furor y su destilación más inflamada: el Odio.

Ahora, apliquemos este devaneo a los días infames que arden hoy. Nada sabemos sobre la dimensión exacta de lo que va a ocurrir, pero no dejamos de mirar las llamas. Nos queman y no importa. No cejamos. Es la supuracion  que tanto esperamos. Ser protagonistas del daño y toda esa secuencia que engendra.

No saber y, sin embargo, no dejar de mirar el fuego.

 

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SAVONAROLATIS

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Os propongo que observéis ese rostro de nariz ganchuda y labios fruncidos por una determinación resuelta y enfermiza. Es el dominico florentino Savonarola, un tipo peligroso, fanatico, inquisidor, que pretendió en su tiempo desentrañar las raíces del mal y extirparlo. Para ello, sus armas eran todas punitivas sin excepción. Prohibir, castigar, destruir, manipular, fracturar. Ardorosamente uncido por una moral sulfurica, nuestro inquisidor creó tal vez sin proponerlo, un estereotipo cósmico que ha llegado, como no, a nuestra Ciénaga saturnal.

La infección savonaralatis es, nítidamente una pandemia en todo nuestro espacio público. Los discípulos del fraile están ahí, incansables en su empeño. Sus huellas son visibles en las zarabandas de las Redes Sociales, ese enjambre pútrido, en los despachos alfombrados, en las toperas judiciales, en las trincheras mediáticas, en las calle, en los patios sombríos y armados, en las letrinas de la opacidad intelectual. Allí donde se retuercen los conceptos y se fraguan las calumnias. Un Duodeno monumental . Un Escorial miserable.

Creo ver, sí, a nuestros Savonarolas contemporáneos, igualmente macilentos y afilados, en todos esos rostros que aparecen afiebrados en la Tele; los que asisten altivos a los funerales; los que ronronean ante los micrófonos; los que sentencian manoseando la Ley; los que insultan sin cautela ni templanza; los bellacos que prometen sabiendo que mienten; los que matan y toda esa multitud que aprovecha la sangre derramada.

Una herencia pestifera que nos corroe, nos divierte y nos destruye.

CARNE DE CAÑON

Cuando el lloriqueo se adense en la habitual indolencia, comenzaremos a explicar la nueva tragedia con los contumaces argumentos laberínticos de siempre. Esos que se recrean en lo accesorio y eluden cualquier aproximación a la verdad de las cosas.

Es cierto que nos conmueven las vísceras desparramadas de nuestros vecinos pero solo en los interludios de los gozos.

Quienes nos matan nos conocen  por eso nos derrotan una y otra vez. Saben que nos hemos acostumbrado a convivir con la pesadilla. Olvidar es una opción irrefutable.

Ahora ha sido Niza; mañana quien sabe. Acomodados en una zona neutra donde los aspavientos se prefieren a  la confrontación, la suerte de una civilización cansada está fatalmente condenada a los funerales masivos El exterminio continuará. El desfile de los cadáveres nos seduce como un atardecer los los Mares del Sur.

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Cualquier tragedia cabe en un comentario estúpido en Facebook. Ese delirio resuelve el problema. Esa es la categoría moral que preferimos abordar. Nuestro Sísifo. Más allá solo hay sombras y un abismo circular sin fondo.

 

AMPUTACION

No es por ser desabrido pero la ocasión lo merece. En este comienzo del 14 se advierte la fiebre del crepúsculo, entre imputaciones y titubeos.

Tal vez deberíamos procurarnos un mutis menos melodramático pero hay que respetar los códigos del cadalso.

Infanteando
Infanteando

Sí, sí, aplauden las masas, arrebatadas y dispuestas, siempre, a cualquier cataclismo.

PANFLETO ( A LA ALTURA DE LOS TIEMPOS)

        Hay risas y llanto en la ciénaga. Somos apabullados por kilos de cinismo y toneladas de retóricas de algodón para justificar como victoria una supuesta derrota. Una asesina múltiple sale de prisión como una heroína abrigada por el Imperio de la Ley. Las víctimas quedan, otra vez, relegadas a su acreditado papel secundario como carne de cañón en las Tertulias de guardia. Bienvenidos a la sentina

Algo va mal cuando las hienas celebran fiestas en la charca, mientras los ornitorrincos pastan en los campos de la miseria.

Zaragoza: Diciembre 1987
Zaragoza: Diciembre 1987

El espectáculo apesta bastante pero hay un consenso hegemónico para blanquear el pasado de los pistoleros y caminar juntos hacia un futuro descoyuntado. La memoria es un queso con gusanos, con demasiados gusanos.

LECTURA DE PRENSA

      He leído que un “tuit” lanzado al espacio emite un 0.02, del CO2 que nos comemos. Es decir que 100.000 de esos “tuits” inútiles que tanto menudean, equivaldrían a lo que consume diariamente un simio informatizado para poder seguir pagando impuestos. Sigamos, dado que el Papa ha estrenado una cuenta vaticana y en su primer “hashtag” se le han sumado 600.000 adictos fidelísmos, podríamos argumentar que el Ciudadano Ratzinger se nos ha convertido en un potencial delincuente ecológico. Al igual, pour example, que Mister Obama cuyo “tuit” en la noche que resultó reelecto fue rebotado 800.000 veces en el cosmos recalentado de Twiterlandia. Que tal…

Pero hay más, en el mismo papel he leído, ya extenuado, que el sacrificio selectivo de las simpáticas ocas supercebadas, puede derivar al final de la cadena en delicadas miniaturas semánticas que, incluso, se comen como un “Foie al café con consomé de cardamomo y/o un “Foie con sirope de ratafía y pino”. Hum…

Sólo para divertirme, al calor de esta doble especie, me apetece lanzar pues esta intrascendente mini-meditación: Twiter y todos esos restaurantes de la Guía Michelín, fundamentarían su bien merecido prestigio en el exterminio.

 Ya se que es llevar el asunto muy lejos, pero es que son estas las ideícas que, a la vuelta de casi todo, excitan mí cansado cortex.

Después de un twit