Categoría: MICROCOSAS

MICROPROSAS DESMAYADAS

Un hombre se inclina sobre el polvo del camino para recoger algo, cualquier cosa y ya no puede levantarse; nunca más ¿Por qué?

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El dentista, gorro multicolor con sobreabundancia de morados y aliento a regaliz mentolado, perfora una encía de la que emerge un géiser de espumarajos verdes: imparable, errático ¿Por qué?

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Un profesor bakuninista o así, tensa la goma roja sobre la coleta rubia, se calza las Stonefly y enciende el IPad Mini Retina. Ocho pisos más abajo, un tipo escuálido apaga las brasas de su quinto cigarrillo mientras acaricia la tibia culata de su Glock. 9mm. Un buen día para comenzar otra de esas revueltas ¿Por qué?

Boggy

El vecino de octavo D se precipita por el balcón. Se estrella sobre la ciudadana cartera que no esperaba el regalo del cielo. Conmoción y debate. Los circundantes gesticulan con aíre mortecino. Suenan sirenas ¿Por qué?

TRES TRISTES…OLVIDOS.

Hay un hombre que lee, nariz de pájaro, mirada miope y marrón, un libro demasiado grueso que amenaza con engullirlo. A su lado un café, un reloj oscuro y un anillo.

Cien páginas después, el último camarero recoge los despojos del día. El hombre, advertido, cierra el libro y se va sin ruido.

Sobre la mesa el anillo, olvidado, destella con pequeños brillos fugaces, al compás de las luces que se apagan.

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Ellos se besan y se besan bajo el círculo de luz de una farola. El abrazo se prolonga y se prolonga en sucesivos y esforzados jeribeques hasta que se esfuman de la luz.

Atado a la farola, el perro se lame el hocico y mira, abnegado, las tinieblas y la ausencia. Espera sin saber.

2012bookone04

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Un tipo aterido sale del cine temblando. Se levanta las solapas del abrigo, golpea el suelo con los pies, se quita las gafas, estornuda, tira un envoltorio a una papelera, lanza escuetas miradas furtivas y comienza a caminar con pasos precipitados.

En un butaca, fila nueve, nº 5, el teléfono parpadea. Llama Sara. El silencio no responde. Los créditos concluyen en la sala vacía.

The End.

MICROFABULAS DEL CRACK

Todo es volátil, se confiesa MAFO, mirada de jilguero míope, tras supervisar, desganado, otro de esos atroces pápeles salmón.

Llama a casa y ordena, rotundo, a la mucama filipina que lleve su mejor traje fúnebre a la tintorería y compre un billete de ida para Miami.

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El ministro, taquicárdico y febril, tras patinar de nuevo en el parquet, se cae, atropellado, de su guindo conceptual.

El médico, ojillos glaucos y aviesos, le diagnostica una infección masiva provocada por  el prestigioso anófeles vírico conocido como DRAGHI

 

Ciudadanos, muchos, indeterminados, indignados, indolentes, resignados, despistados…, se disponen a beber y a comer en las tabernas de la vieja nación desguazada, aullando con la Roja.

En el fondo de sus vasos, las pirañas esperan su turno, retozando felices en un plancton de trolas y paraísos opacos.

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Cuando el atribulado líder  MR despierta de otro duermevela birrioso, el BCE todavía está allí. Y el FMI que le desdeña y el WSJ que le acosa y el FT que le maltrata y el IBEX que le lapida y la CE que le orilla y APR que le muerde y las CC.AA que le ignoran y el FROB que le torea.

 Devorado por el vértigo, el inquilino del CRACK se oculta en un baño de (más) burbujas, se fuma un Cohiba panetela y oficia otro aterrado SOS a la nigromante AM.

 Pero,desde el otro lado del Rhin, le llega sólo un eco huérfano y un cloqueo insidioso : RIP, RIP,RIP.


MICROCLIMAS

Emboscado en una niebla cobriza, espero el paso del tiempo con una galbana cósmica.

 

Llueve en mis ojos y no por el afecto que huye.  Más bien porqué me muero de risa al comprobarlo.

Nieva al otro lado del cristal helado.  Aquí dentro condimento un pepino, pelo ajos  y evacuo consultas  con mi ego.


El viento esparce los periódicos donde sonrien felices los ornitorrincos. Un hombre, con cara de bismuto, corre tras ellos con un jadeo de siglos.

 En esta paz del ocaso solo queda el atardecer del deseo ( miniatura dengue ).


La cera se quema. El polen se esfuma. Las frases hieden. Los besos no queman. La rubia farfulla. El afán se apaga. En Zombiland ya nadie juega con el espejo correcto


MICROTRAMAS

El hombre con un ojo de cristal bebe ginebra Saffron al compás de un reloj de arena y una música hueca. La camarera ucraniana, adornada con una esvástica en la ingle, lo mira con impaciencia.

Sobre el mostrador, junto a una caja de Tranxilium, algo rebulle en un minúsculo cofre hexagonal repujado con escamas de malaquita.

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Un niño, rodillas sucias y chaleco con rombos amarillos y negros, orina sobre una pequeña tortuga. A su lado, en el suelo, junto a un columpio con verdín, yace una historieta de Damm Nation. Sobre uno de los dibujos, una lagartija atravesada con un alfiler, agoniza lentamente.

El tebeo del nene

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 La chica de gafas y ojos color Liz Taylor, pasea abstraída por el borde del malecón. Lleva puesta una camiseta negra con la palabra CIGOTO estampada en letras rojas. 

 Al final del muelle, se sienta frente al mar oscuro, los pies colgando del vacío. Del fondo de la mochila extrae unas tijeras y comienza a cortarse mechones de lacio cabello rubio. Al poco, se deja caer suavemente.

 Las aguas, cárdenas a esa hora, se la tragan sin ruido ni espuma.

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Un analista bursátil cabalga en una bicicleta municipal cuando, de súbito, una manifestación del 15-M bloquea los caminos. Con aíre somnoliento conecta los auriculares al BlackBerry y surfea en una operación con intangibles basura de Cementos de Letonia.

 A su lado, se despliega una pancarta que reza: “ABAJO LOS MERCADOS; ES LA HORA DEL CAOS”.

 El ciclista observa la leyenda, asiente con una mueca cansada, se afloja el cuello de la camisa y juguetea con las teclas, mientras tararea una vieja cancioncilla de Joy Division.

 

MICROTERTULIOFOBIAS

Aquella tertuliana era tan vehemente que escupía los argumentos. Luego recogía los fragmentos diseminados en el rostro de sus interlocutores y los guardaba, celosamente, en una bolsita de latex.

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Aquel tertuliano era tan visceral que maceraba sus diatribas en la vesícula, alimentaba su adrenalina con películas de Haneke e incendiaba su lengua ofidia con chupitos de hiel.

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Aquel tertuliano era tan sectario que renegaba de sus propias insidias, cuando sus rivales las aceptaban como hechos probados. 

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Aquella tertuliana era tan ególatra que ensayaba ente el espejo, las muecas despectivas, el movimiento de las manos, la afectada caída de los ojos y los generosos aspavientos que, en directo, mostraría al mundo junto a los pendientes de jade, el colgante de amatistas, las blusas de Victorio y Luchino  y su acreditada necedad. 

Tertulieando

MICROBABELIAS

Abrió aquel libro por una página cualquiera y se encontró con que todas las palabras habían huído de una historia imposible.

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  Scarpetta extirpa la prosa de Millás y detecta, sin asomo de duda, el avance inexorable de la catatonia.

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 En la primera línea, un alud de adjetivos provoca que la trama sucumba axfisiada.

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Lectores Perplejos