Categoría: ORNITORRINCOS EN LA CIENAGA

MENORQUEANDO

Ahí abajo ruge el mar con un estrépito que conforta. Es el mismo torbellino que moldeaba estas rocas cuando los antropoides se comían los hígados de sus hermanos.  Y asi seguirá, mordiendo la piedra, hasta el ocaso infinito.

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ORNITORRINCOS EN LA CIÉNAGA-CAPÍTULO “QUEPEREZAINEVITABLE”

Guardiolanélidos Cresus

Veamos, describamoslo con paciencia franciscana: Erase una vez… en la esquina noreste de la Charca donde germina, feliz(?), una infraespecie de un famoso subgénero zoológico que se distingue por su impudor chic tan resabiado.

Era y es una colonia de rasgos parasitarios, estrictamente jeta y muy plúmbea, que vive “fucking A¡” en un paraíso artificial de presuntos agravios cósmicos. No mudan de piel jamás y se arrastran por la ciénaga en permanente lloriqueo prenatal.

Son los más ricachones gusarapos del lodazal atribulado. Pero, a su vez, los vermiformes más quejumbrosos. Para el resto de la Fauna, han pasado de ser un incordio a una Estalagmita. Puro ornamento antropomórfico.

Sus filósofos, certifican que pertenecen al rango exquisito de esa Tribu preancestral, más allá de las remotas glaciaciones que habita por allá. Bien lo sabemos. Desde luego, se alimentan del mismo tipo de alucinaciones, que escarban por el Humus y eso les provoca un estado permanente de agitación verbosa.

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El Fenotipo fetén.

Por lo demás, respecto a las costumbres de la Ciénaga han decidido vivir al margen de las reglas, acomodados en su fiebre, impertérritos, gilidiscolos, narcisos manchesterianos.

Francamente, son insoportables pero dañinos. Su perseverancia infecta es contagiosa. Así, comprobamos cómo pululan por la Ciénaga otras familias anélidas que se excitan con su ejemplo más de lo debido.

ORNITORRINCOS EN LA CIÉNAGA-ENÉSIMO CAPÍTULO-

 

Hum…la Parca se pasea, desnuda irrefutable, por la Ciénaga llevándose por delante a unos cuantos Conspicuos. Esta semana han caído un par con distintas genuflexiones afectivas por parte de las tribus cenagosas –todas y cada una de ellas vergonzosas hasta el vómito–. Ornitorrincos ejemplares se han ido, dejando tras de sí sedimentaciones enfáticamente ridículas.

Los lloriqueos por Rita y Fidel y sus correspondientes replicantes feroces, han sido en su brutalidad empírica dañinos pero luminosos. Han mostrado al Cosmos el fango moral del que estamos construidos.

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Los chapoteos mientras los muertos se embalsamaban, han sido ejemplares en su laceración. Todo el rencor del que somos capaces se ha expandido geométricamente por el barro con un ímpetu salvaje; y a la par,  hemiplejía hipócrita de láudano y  vaselina en aluvión desatado.

La Ciénaga ha homenajeado a la valenciana y al habanero, con toda los colores de la impudicia y el espectáculo ha sido maravilloso en su sordidez.

TRUMPAZO

En el Imperio hay un Ornitorrinco que se llama Trump. Hoy es el Gran Jefe que va a heredar el maletín nuclear  de Frank Underwood. En el Viejo Balneario Europeo todos están desolados y lloriquean por las esquinas.

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Pero Trump no es un energumeno sobrevenido. Es un ejemplo brutal  de la metástasis que nos engulle  con la voracidad de una morena. Un lenguaraz populista que aquí en la Ciénaga votaría a Ramón Espinar.

El atrabiliario esposo de Melania no ha llegado a nuestras vidas porque millones de subsidiados rednecks más allá de los Apalaches se hayan vueltos tarumbas. Lo ha encumbrado el fracaso de los Dinosaurios mediáticos de por allá y el ensimismamiento de las  élites políticas. Trump es la respuesta al agotamiento del sueño americano.

Este Ornitorrinco de manual  responde a la quiebra de la época: el nacionalismo identitario y la fiebre populista. Es un mercader iconoclasta. Tal vez un peligro público. Pero es que la vagina de Susan Sarandón y los editoriales de The New York Times, son ya un lastre antropológico para millones de ciudadanos perplejos por la inercia de las cosas.

 

 

 

 

 

RADIOGRAFÍA ORNITORRINCA. AGUAFUERTE.

He aquí, pues, como Míster Podemos, se manifiesta cada día que pasa como un cristalino caso de Antropología forense. Veamos: este Bípedo presuntuoso ha logrado mezclar todos los tonos del narcisismo con la banalidad sentimental y le funciona como un arpegio noble.  El mejunje hace las delicias extraviadas de una mayoría suculenta de los Media y  de  las turbas selváticas  del Magma internauta. Su construcción estética y su desparpajo teatral, son recompensadas con la cegadora luz de un exitazo inescrutable.

Es decir, el asunto merecería que se estudiaran con afán de orfebre poseído,  los abismos cerebrales de nuestros contemporáneos.

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En consecuencia, tenemos como el reinado del sátrapa es, de momento, inmarchitable. Su osadía dulcificada por las  carantoñas que regala a las multitudes, es bastante indigesta pero cuenta con el regocijo de la gente que lo adopta como lápiz labial, como mermelada de arándanos, como sacarina, como aceite de ricino, como fuego fatuo, como espuma láctea, como gasolina de cualquier delirio gaseoso.

Miradlo. Con toda esa inflación de fetiches de andar por casa, con esa media sonrisa que alimenta un ego de hipermercado, con ese aíre perenne de auriga plomizo siempre dispuesto a proferir una conjetura que nos lleve a un desierto tártaro.

En fin, la criatura es tan nuestra como los páramos monegrinos. Un sintagma de nuestra pereza ética. Un figurante con pretensiones de Nerón.

Pero sabedlo…el petulante ha crecido a la sombra de nuestro Manual de Rencores; ese substrato donde germinan todos estos polímeros efímeros y fulgurantes.