Categoría: ORNITORRINCOS EN LA CIENAGA

ORNITORRINCOS EN LA CIÉNAGA-ENÉSIMO CAPÍTULO-

 

Hum…la Parca se pasea, desnuda irrefutable, por la Ciénaga llevándose por delante a unos cuantos Conspicuos. Esta semana han caído un par con distintas genuflexiones afectivas por parte de las tribus cenagosas –todas y cada una de ellas vergonzosas hasta el vómito–. Ornitorrincos ejemplares se han ido, dejando tras de sí sedimentaciones enfáticamente ridículas.

Los lloriqueos por Rita y Fidel y sus correspondientes replicantes feroces, han sido en su brutalidad empírica dañinos pero luminosos. Han mostrado al Cosmos el fango moral del que estamos construidos.

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Los chapoteos mientras los muertos se embalsamaban, han sido ejemplares en su laceración. Todo el rencor del que somos capaces se ha expandido geométricamente por el barro con un ímpetu salvaje; y a la par,  hemiplejía hipócrita de láudano y  vaselina en aluvión desatado.

La Ciénaga ha homenajeado a la valenciana y al habanero, con toda los colores de la impudicia y el espectáculo ha sido maravilloso en su sordidez.

TRUMPAZO

En el Imperio hay un Ornitorrinco que se llama Trump. Hoy es el Gran Jefe que va a heredar el maletín nuclear  de Frank Underwood. En el Viejo Balneario Europeo todos están desolados y lloriquean por las esquinas.

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Pero Trump no es un energumeno sobrevenido. Es un ejemplo brutal  de la metástasis que nos engulle  con la voracidad de una morena. Un lenguaraz populista que aquí en la Ciénaga votaría a Ramón Espinar.

El atrabiliario esposo de Melania no ha llegado a nuestras vidas porque millones de subsidiados rednecks más allá de los Apalaches se hayan vueltos tarumbas. Lo ha encumbrado el fracaso de los Dinosaurios mediáticos de por allá y el ensimismamiento de las  élites políticas. Trump es la respuesta al agotamiento del sueño americano.

Este Ornitorrinco de manual  responde a la quiebra de la época: el nacionalismo identitario y la fiebre populista. Es un mercader iconoclasta. Tal vez un peligro público. Pero es que la vagina de Susan Sarandón y los editoriales de The New York Times, son ya un lastre antropológico para millones de ciudadanos perplejos por la inercia de las cosas.

 

 

 

 

 

RADIOGRAFÍA ORNITORRINCA. AGUAFUERTE.

He aquí, pues, como Míster Podemos, se manifiesta cada día que pasa como un cristalino caso de Antropología forense. Veamos: este Bípedo presuntuoso ha logrado mezclar todos los tonos del narcisismo con la banalidad sentimental y le funciona como un arpegio noble.  El mejunje hace las delicias extraviadas de una mayoría suculenta de los Media y  de  las turbas selváticas  del Magma internauta. Su construcción estética y su desparpajo teatral, son recompensadas con la cegadora luz de un exitazo inescrutable.

Es decir, el asunto merecería que se estudiaran con afán de orfebre poseído,  los abismos cerebrales de nuestros contemporáneos.

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En consecuencia, tenemos como el reinado del sátrapa es, de momento, inmarchitable. Su osadía dulcificada por las  carantoñas que regala a las multitudes, es bastante indigesta pero cuenta con el regocijo de la gente que lo adopta como lápiz labial, como mermelada de arándanos, como sacarina, como aceite de ricino, como fuego fatuo, como espuma láctea, como gasolina de cualquier delirio gaseoso.

Miradlo. Con toda esa inflación de fetiches de andar por casa, con esa media sonrisa que alimenta un ego de hipermercado, con ese aíre perenne de auriga plomizo siempre dispuesto a proferir una conjetura que nos lleve a un desierto tártaro.

En fin, la criatura es tan nuestra como los páramos monegrinos. Un sintagma de nuestra pereza ética. Un figurante con pretensiones de Nerón.

Pero sabedlo…el petulante ha crecido a la sombra de nuestro Manual de Rencores; ese substrato donde germinan todos estos polímeros efímeros y fulgurantes.

 

 

 

 

 

 

 

MICROPROSAS DESMAÑADAS

. María la Hípster habiendo leído la bibliografía completa de Don de Lillo, decidió salir de su igloo de cincuenta metros y pulsar los quejidos de la ciudad. No tardó demasiado tiempo en conocer que había nuevo gobierno: un plurimosaico  de egos preadánicos y barba de tres días. El déficit se había cuadruplicado; así como las tasas de alcoholemia y los canales de TV tribales. Alba Carrillo se había casado por decimocuarta vez con un jugador lituano de hockey hielo y media Europa era una Colonia socialdemócrata de DAESH. Las gafas de pasta ya no se estilaban y Twitter permitía escupir a la Luna en 170 caracteres.Decidió retornar a su mundo. Turno para las obras completas de Siri Hustvedt.

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. El hombre, cabeza dodecaedra, esparció una nube blanquinosa a su paso con un ademán desalentado en las solapas de la Trench. El polvillo viajó hasta la acera  suavemente y se filtró por los poros de la cerámica mohosa. Al cabo,  el tipo de los doce perfiles se disolvía por las esquinas y del suelo brotaban glicinias  de un extraño color mandarina. Alguien gritó que olía a muerto. Una nube apagó el sol de Agosto. En los ojos de los curiosos se multiplicaban retículas dodecaedras de escarcha.

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. Maisonave arrastró su reuma hasta el octavo piso del Hospital. Torció a la izquierda donde nacía un largo pasillo gris y blanco que olía a desinfectante, brisa defecada y ungüentos ácidos.  Hombres blancos arrastraban carros rebosantes de gasas desechadas, prendas arrugadas y bolsas de suero vacías. Maisonave supo entonces, sin genero de dudas, que había llegado tarde. Cualquier reconciliación no sería posible. Se interponía el avance inexorable del Gérmen en toda su magnitud. Exangüe, renunció a seguir, volvió sobre sus pasos y en la máquina del café extrajo dos Crunch. El ruido del plástico al desliarse le mostró el camino. Así pues…

 

 

 

 

 

 

 

 

ORNITORRINCOS EN LA CIÉNAGA-FLASH 4

  Tertuliantropus Simplicius.

He aquí un ejemplar seleccionado. Sujeto destacado de esta prolífica subespecie parlanchina que experimenta, en los últimos tiempos , un inaudito crecimiento vegetativo en las zonas seminobles de la Ciénaga.

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ARQUETIPO MACERANDO NO SE QUE…

 

Estos protofidios de lengua tribífida y vivaz, poseen un vocabulario limitado y acusadamente pírrico que lo simulan con ungüentos de bergamota y diazepan. Son redundantes, pepinaceos y  basicamente estériles. Gruñen en el vacío con una alegría desorbitada. Caprichosos y lenguaraces,  pueden ser ceñudos y desagradables. Sin embargo, pese a su ahinco son placebos. No dañan ni siquiera la superficie de las cosas.

Eso sí, son de una fidelidad lanar a los dictámenes de los edecanes del Lodazal. Su verborragia es un eco. Voceros de criaturas más sinuosas, les excita ser subalternos y aguafiestas. Correveidiles reptan por las aguas turbulentas con la arrogancia de los simples.

 

MORAND. UN ANCLA.

De vez en cuando, con la parsimonia de un bivalvo del submundo, aspiro a encontrar reductos inéditos para cobijarme de las perplejidades que me ahogan con la  eficacia profesional de un tentáculo de acero. Así una caricia imprevista, un gesto, un fragmento de entre mil imágenes, una mirada apenas desvelada, la risa brutal de un instante fugaz, una música, un pase filtrado de 20 metros, un olor, el palpito tras un sueño sin memoria, un puñado de páginas escritas.

Anclas. Contravenenos para la estupidez alentada, el cansancio de lo mismo repetido, la mentira exquisita, la muerte cercana.

Ejemplo: este verano me he topado con PAUL MORAND. A través de una referencia extraviada, me demoré con su biografía un rato. Enseguida percibí que el consenso era inequívoco. Un enorme escritor devorado por su pensamiento. Es decir, para la corrección tiquismiquis un dandy reaccionario dotado de una prosa hermosa. Acabáramos. Un reto pues, inaplazable. Un escritor sepultado por una catarata de prejuicios. Un festín.

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Me puse a ello, con dificultad. Apenas hay ediciones. Hay que husmear. Encontré algunas: VENECIAS, LA NOCHE ES LARGA o NUEVA YORK. Y leí con la dedicación  del que se mueve en tierra incógnita. Placer.

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MORAND es estimulante , diáfano, sutil, escéptico sin la violencia del pelmazo.  Generoso en la abundancia exaltada de la Belleza y del buen juicio. Testigo crucial de los años 20, fue un viajero incansable, contradictorio pero no más que el resto, honesto en sus traspiés. Vulnerable, repudiado, rehabilitado. Jamás abatido ni destruido. Se defendió con sus textos puros y extenuantes.

Y ha vencido a la posteridad y a la ofuscación.  Hay que leerlo . Nada más.

 

HUMO DE SENECTUD

De pronto ella se acerca resuelta y dice: “Caballero, el periódico es de aquí ? Al instante, me precipito del Cuerno de la Luna y un escalofrío turbio estremece todas las esquinas del cuerpo. He cruzado la frontera, abruptamente.  No soy el eterno adolescente que interpreto, ni siquiera el tipo maduro con pretensiones mundanas.  Que va. Soy un tipo mayor.

Admito que sí no aceleró el paso no veré jamás el amanecer en un fiordo noruego. Esa es, de repente, la certeza. Así son las cosas.

Y es que, de pronto, el peso del calendario me aplasta. Siento un vértigo inapelable. Todos los frágiles delirios que todavía almaceno se hacen añicos. En los siguientes minutos mientras apuro el café y la agresión de la educada pregunta, segrego una retahíla de sensaciones robotizadas que me frustran con la radicalidad de un degüello. Sí; la mancha del tiempo que se disuelve me abraza con una obstinación que me deja desnudo frente a las tormentas.

Senectud 1 (2)

Ese “CABALLERO”susurrado, así soy visto, me ha dejado desarmado, laxo, descoyuntado. El humo madreperla de la senectud se extiende como una tormenta de polvo que me confunde y me pierde. Es decir, soy un individuo viajando en la cuenta atrás. Y me deslizó a toda velocidad. A partir de este minuto rotundo como un desgarro, cambia mí mirada sobre esa mujer que pasa, sobre su olor que intuyo. Me irrito.

Seré pues solo un lector afrancesado de Paul Morand/Julien Gracq, un seriófilo ensimismado , un fumador de puros, un pasajero del sarcasmo, un disidente impune, un hincha del Liverpool. Viajaré repetidamente a ese pueblo de la Rioja Alta que admiro y a los campos de unicornio de Terrence Blanchard. Sólo escucharé lo que necesite y aceptaré como un náufrago arrogante que desde ahora el deseo será un vislumbre azaroso, un hiato.

Robert-Doisneau. 3 . Au bistreau

Mientras camino cuento los meses para el próximo cumpleaños y lo que suma.  Maldita sea, no hay coartada, soy un caballero prejubilado que se desliza por un áspero tobogán. Si no me esmero, pronto pasearé un perro y lloraré en los crepúsculos del invierno.

 

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