Categoría: PELICULAS

TRUE DETECTIVE

En estos días busco entre mis compadres más engagé al perjuro que no haya sido abducido por TRUE DETECTIVE. Pesquisa inútil. Todos son feligreses alcanzados por los rayos gamma de la serie de moda. Todos han chapoteado felices en los pantanos de Louisiana. No conozco a ni uno solo que, a la altura de segundo trago, no repita fragmentos enteros de los monólogos de Rust Cohle como si fueran los pensamientos de Pascal pasado de metanfetas.

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Yo también, como no, me he perdido y vuelto a encontrar en los laberintos de Carcosa y el Rey Amarillo. Ocho horas a pie de obra rastreando los arcanos de un guión tan intrincado como el árbol genealógico de los Alba.

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Concluida la historia, atavismos, pederastia, almas errantes y oscuridad, todo el mundo parece haberse quedado vacío. Queda, solo, el sabor a tierra seca de una solución final abrupta y deshilachada, con un montón de preguntas sin respuesta.

Mientras, los compadres rumian por los rincones evocando su escena preferida o ese instante de relámpago donde advirtieron en un gesto, en una palabra, en un movimiento de cámara, una luz en la caverna. Por ejemplo, aquella mirada sin propósito de Cohle mientras tortura la enésima lata de cerveza.

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¿ Y cúando comienza la segunda temporada ?

ELLOS SE FUERON…

 

Pero siguen aquí y nos miran y nos hablan y nos divertimos con ellos y nos enojamos al mismo tiempo. Se nos van muriendo pero continúan cercanos, al otro lado; siempre vivos y enormes.

Esta semana en una de esas sesiones inocuas, junto a media docena de personas, disfruté hasta donde soy capaz con el gran JAMES GANDOLFINI en esa película menor pero hermosa que es SOBRAN LA PALABRAS. Allí estaba él cuando apenas le quedaba tiempo para morirse: Irónico y feliz, generoso y humano, enamorado y herido. Maravilloso.

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Y de pronto se funde en negro otro gordo brillante:PHILIP SEYMOUR HOFFMAN. Siempre oscuro y resbaladizo. Muerto también en un rincón de su apartamento. Pero libre y furioso, mordaz y entrañable. Lo recordé volviendo a verlo de tirón en THE MASTER y EL ULTIMO CUARTETO. Brutal.

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Y ahora mientras lo cuento, me los imagino juntos, a los dos, riendo mientras se cuentan cotilleos sin escamotear ninguna miseria y comparten copas en la seguridad que la memoria es como una cobra que jamás desaparece del todo.

Y quiero evocarlos, no hay dos sin tres, junto a otro que tal: JOHN GOODMAN que sigue vivo pero que agoniza y se muere tan orondo y sarcástico como siempre, en A PROPOSITO DE LLEWYN DAVIES, despotricando desde el asiento trasero del coche mientras amanece en un territorio gélido y hostil.

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Fetiches en esta hora, muertos o no. Gordos, verdaderos y eternos.

UN PANFLETO INUTIL

       ¿Por qué cada vez que peregrino por la TDT en busca de algun milagro, solo encuentro películas repetidas de Steven Seagal, Jackie Chan, el insípido Van Damme o Vin Diesel, entre otros ?

Pues tal vez porque el cine en las televisiones comerciales, se ha convertido en nuestra reconocida ciénaga en un recurso técnico para ensamblar bloques de anuncios de diez minutos. Exclusivamente. Una especie de protocolo calculado que consiste en amontonar películas de catálogo, con el que alfombrar el negocio de estos mercaderes del ocio masivo.

De este zoco catódico ha desaparecido cualquier vestigio racional que tenga, siquiera, algún vínculo con la cinefilia, el respeto cultural, un mínimo gusto por la tradición histórica del antiguamente llamado séptimo arte o la pura sensatez.

Programan el cine como rosquillas en un carrusel publicitario sin final. De vez en cuando, seamos justos, incrustan entre el amasijo un Ford, un Hitchcock o Los Padrinos, para hacer bulto. Pero ha desaparecido prácticamente el cine clásico en blanco y negro, cualquier cinematografía que no sea norteamericana y casi todas las referencias canónicas o de manual por debajo de los años 40/50 ( la edad del oro del invento ) del pasado siglo. Así es, salvo contadas excepciones.

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Una de las que no veremos en las teles fenicias

Para nuestros muy modernos conglomerados despóticos de Mediaset, Atresmedia, etc… el cine viene a ser un pasatiempo inevitable, clónico y chirriante entre colonias, coches y kilos de botox.

Para comprobar, en fin, el respeto de estos fenicios por el cine, solo basta, sí aguantas hasta el final, observar con tedio y asco como invariablemente se decapitan todas las proyecciones cuando aparecen los créditos finales; no sea que haya por ahí dos tipos raros a quienes le interese ese rollo.

En fin, para los arqueólogos, el cine en la tele pasa por la 2 , las plataformas de pago o conectar el artefacto a la Red ( viva¡¡ FILMIN ). A no ser, claro, que salivéis con el enésimo e insistente pase de cualquier plutocrata chucknorrista , con una de chinos, una de catástrofes, el Aídismo y el millón redundante de telefilmes con rubia amenazada por un marido-animal.

     CODA FINAL:  Dejo para mejor ocasión, si la hubiese, descender a los abismos cinematográficos de  Teles conservadoras  como 13 TV o Intereconomía . Donde, a veces,  entre el enorme barrizal se esconde alguna extraña gema.

     

HUELLAS DE JULIO

He viajado estos días a las colinas heladas de Islandia, para escabullirme del calor. Y en los páramos he acompañado a Erlendur Sveinsson en sus pericias sobre el rastro que dejan las heridas del alma. Y sus cicatrices. Y me ha recompensado.

 He conocido sobre un tapiz de lluvia imaginaria a un detective negro que lee a Camus y desciende al infierno de los demás, mientras pasea por los viejos cementerios desvencijados. Y ha estado bien.

He encontrado en los recovecos de Youtube, pequeñas joyitas negras de la serie B que jamás osarán pasar en la tediosa y frustrante TDT y las he disfrutado en las tranquilas noches insomnes.

 

He husmeado algunas cuevas. He intentado, con esfuerzo banal, ser el que no seré nunca. He mirado el avance inexorable de las deformidades en los dedos de los pies. He escuchado hasta agotarme INFANT EYES de Wayne Shorter.

 

Y a pesar de todo la jungla sigue ardiendo y hay mil murmullos de desaliento estrangulando el deseo.

CARACORTADA

 Escudriñando entre las películas de la Biblioteca Pública, me tope ayer con SCARFACE ( 1932) de Howard Hawks. Recordé haberla visto en algún pase de la tele, cuando sólo había un par de canales y más rigor en la programación cinematográfica. Me apetecía volver a ella. No me arrepiento, claro.

 

Es vertiginosa, nerviosa, divertida, flúida. Es una tragedia ribeteada de comedia gamberra y dueña de un devastador humor negro. Inaugura una manera de contar y un estilo de ensamblar la narración que sigue siendo admirable. Esta repleta de hallazgos visuales y de símbolos elementales: como esas cruces que presagian algunas de las muertes violentas. Tiene ochenta años a sus espaldas y ha resistido el paso del tiempo sin que se agriete su alegría contagiosa. No discursea ni se ensaña. No es solemne pero tampoco banal.

El protagonista, Tony Camonte se desliza hacia el abismo entre la inocencia y el desgarro. Desvaría con una vitalidad que conmueve. Cuando al final, muere como un guiñol segado por las mil balas de la Thompson, destruído por un amor imposible y por el recuerdo de su amigo, Rinaldo, muerto por su mano, le compadecemos como una víctima de sí mismo y no le guardamos ningún rencor por ser un mal bicho.

 

Años después, Brian de Palma y Oliver Stone fraguaron un “remake” petulante y lisérgico, con Pacino, descontrolado, bordeando el ridículo en una de sus habituales verbenas histriónicas. La comparación con la película de Hawks es imposible.

Expresionista y brutal, guarda en su escasos 90 minutos, escenas eternas: como el asesinato del ganster en el Hospital, la matanza de San Valentín o la ejecución de Karloff en la bolera.

El cine inauguraba entonces el sonido. Hawks a rítmo del tableteo de las ametralladoras, lo celebró convirtiéndose en un adelantado de su tiempo.

CARACORTADA, un clásico inagotable.

Qué bien lo he vuelto a pasar.

DRIVE

Bueno, pues también he visto DRIVE, esa película de la que todo el mundo habla. No me ha dejado, desde luego, indiferente ese particular descenso a los infiernos del Escorpión solitario pero, tampoco, alucino en ese grado hiper-zalamero con el que le ha saludado la crítica patanegra. Vale, me gusta ese halo romántico del heroe lacónico, esas miradas mudas hacia la negra noche de Gothan que parecen envenenadas por un pasado turbulento, esa historia amorosa con su vecina desvalida. Pero ese hieratismo gelido no me desasosiega. Me aburre, en ocasiones, ese hastío tan enfático del enigmático conductor.

 

Es una estupenda película negra, por supuesto. Bien trenzada, de una sequedad urbana que suda verdad. Las noches en la gran ciudad  son creíbles, los villanos son tenebrosos y brutales, el azar condiciona la trama y la intriga con inteligencia, hay perdedores y sentimientos en medio de la ciénaga. Todo eso está muy bien.

Sin embargo, me molesta un cierto efectismo en el tratamiento de la violencia, es una truculencia un tanto grosera que lastra el resultado. Y no me hacen falta algunos recursos técnicos – el uso de la cámara lenta– que considero un pelín gratuitos. Echo de menos la ambigüedad y el clima de seca sugerencia que iluminaban las películas negras clásicas.  

 

Es, en todo caso, una mirada muy personal de un director europeo, sobre la crispación  urbana y el desgarramiento de la violencia. Es como si Peckinpah se hubiera hecho budista en el más allá y hubiera regresado de la tumba para ponerse detrás de la cámara.

En fín, me interesa esta odisea del samuraí existencialista que revienta pero no me desarma. Es una perla en el barro y se tiene merecido algún Oscar.


RETORNO AL PASADO

 El cine negro, el clásico, siempre se explica sumando lirismo con putrefacción. Es el código que hace avanzar sus tramas entre un laberinto de sombras, fatalismo y relaciones de cristal.

 RETORNO AL PASADO (1947), cumple con creces el modelo. Es una de las grandes.

 La he vuelto a ver como sí fuera la primera vez y sigue tan rezumante.  Reune todos los ingredientes. Redenciones imposibles, la seducción de la impostura, diálogos afilados, amor devastado y corrupción.

Preparando el final

 Lo maravilloso, lo que admiro, es que esta confusa historia, moralmente turbia, donde todos mienten deliberadamente, se puede disfrutar, también, como un poema romántico y desolado. Es su mérito.

 La película fluye sin desmayos consumiendo dos “flash-back, varios escenarios y una decena de años. Hay muertos, algún guiño de guión inverosímil y una mujer araña canónica. Las mejores secuencias son las nocturnas y abundan todas esas miradas sinuosas que precipitan los desgarros, la traición y que sólo el “cine negro” ha captado con precisión matemática.

Entonces fue cuando la ví.

 Me atraen los encuentros de Mitchum y Greer en los bares de Acapulco. Su primer encuentro sexual en una cabaña bajo la lluvia, con el viento y esa lámpara cayendo al suelo. La pelea del detective Markam ( Mitchum ) con su ex-compañero que Kathy contempla con una burlona perversidad. Los juegos de palabras entre Markam y el mafioso Sterling ( un estupendo Kirk Douglas ). Y ese lío imposible de Jeff  con su perpleja novia Ann que acaba con ésta buscando, al final de la película, una certeza que pueda salvarla o , inevitablemente, destruirla.

 Como me gusta…