UN MAL SUEÑO

UN MAL SUEÑO

He abierto los ojos con una sensación rara, como si estuviera perdido  Poco a poco voy despertando. Al otro lado de la persiana, se cuela ya el nuevo día. En el piso de arriba, escucho el suave rumor de unos pasos, los grifos abiertos y las toses broncas de todas las mañanas. De la calle me llega el estrépito de un frenazo seco.

 Tengo la boca como un esparto, la desazón de un dolor incierto en el costado derecho y la certeza de que acabo de escapar de un sueño turbulento.

 Me remuevo entre las sábanas, a esta hora frías, escrutando el poso de algún gesto reciente o las cenizas de una conversación agria que me ilumine las tinieblas Pero no consigo localizar ningún rastro verosímil. Evoco, eso sí, una retahíla de palabras inconexas: basura, huevo, petardo, derrota, cisma.

 Miro la hora. Demasiado pronto. Enciendo la radio. Música rabiosa, guitarras demasiado agudas, una cadencia átona, sin ritmo. La apago.

 El subconsciente trata de explicarse a manotazos. No puede. Un muro oscuro lo impide. Me levanto, las piernas me pesan , líquidos ácidos viajan libres por mis tripas.

 En el sofá hay periódicos abiertos, una caja de leche vacía y la cartera abierta con todas las tarjetas esparcidas. No recuerdo nada de la noche pasada.

 Enciendo la tele y allí está: un rostro desmayado hablando al vacío. Sobre impresionados se deslizan una resultados electorales.


 De repente, el muro se resquebraja y comienzo a recuperar cosas: Estuve en la Radio, comí demasiadas croquetas y compartí tragos con unos tipos atribulados hasta que acabamos con  las palabras.  De momento, eso es todo.

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LA PLAYA: OTRA ELECCION

 Huyendo de la politiquería que cuelga de las farolas, con toda esa exhibición de sonrisas somardas, nos hemos venido hasta la playa. Y aquí estamos, sentados en el balcón de una habitación de Hotel, refugiados de la lluvia ácida electoral. Estamos trazando planes para las próximas horas, mientras nos refocilamos viendo como el sol declina en el horizonte de un mar cobrizo y devoramos todas las existencias de cerveza y cacahuetes del mini-bar.

Cuando anochezca saldremos a la calle para reencontrarnos con  viejos lugares conocidos. Ese pequeño restaurante destartalado donde en una tarde que llovía, nos reconciliamos por enésima vez. El bar del holandés albino, con su catamarán despiezado al fondo, junto a los baños, donde beberemos a pequeños sorbos chupitos de ron y hablaremos con nuestro amigo, de la pereza y del veneno áspero de los celos. O ese pequeño escondite junto a la palmera del paseo marítimo, donde una noche garabateamos un dibujo secreto que debería durar toda la eternidad.

Por las mañana, tomaremos café en la terraza de El Ancla, frente al mar de toda nuestra vida y leeremos. Yo a Don Winslow y Beatriz un tocho de un francés muy estirado, André Comte-Sponville; un tipo especializado en vender pildoras para la felicidad.

Luego alquilaremos unas “bicis” y nos iremos hasta el faro, donde en una pequeña tasca, con fotos de viejos cascarones de pesca y tiestos con glicinia, comeremos chipirones y esos pinchos de gamba, mango y eneldo que son la especialidad del chiringuito.

Mas tarde, tumbados en la arena, vestidos y aletargados, trataremos de borrar los fantasmas. Ella jugueteando con su nuevo móvil; yo escuchando LUSH LIFE

( Vida Lujuriosa); una esquirla de las dos horas de música encriptada que me he traído para estos días caprichosos.

Al final de la tarde, nos sumergiremos en el jacuzzi preparándonos para otra larga noche que prolongaremos hasta el hartazgo. Y etcétera.

En fin, un meticuloso desguace antes de volver a casa y a los últimos bramidos de la politiquería. Por suerte, nuestra densa geografía de secuelas playeras tan solo soportará tisanas y paracetamoles. Nada más. Al fondo, los jadeos de la casta y  los movimientos tutti frutti apenas nos lastimarán. Debajo de los adoquines sigue estando  la playa.

"sous les pavés, la plage" -Mayo del 68


MARTA SE FUÉ

MARTA SE FUE

Aquel amanecer.

  

   

     Anoche tropecé con Marta, su misma mirada azul. Otra vez. No me reconoció. Y volvió a irse.

    Como hace veinte años, en la playa, en una madrugada con resaca.

MARK ROTHKO

MARK ROTHKO

 Me gusta Rothko. Esas manchas de color, paralelas, sin forma, las siento, las noto como penetran y se quedan allí. En las paredes de mi casa, cuelgan un par de láminas de letón. Las miro decenas de veces y siempre desprenden la misma intensidad.

 El hombre se suicidó cuando la luz le abandonaba.

Dejo aquí un par de sus frases:

Queremos reafirmar la imagen plana. Estamos a favor de las formas planas porque destruyen la ilusión y revelan la verdad”.

Callar es bastante acertado”.

Rothko concebía sus obras como dramas, como la representación de una tragedia sin tiempo. Así afirman los críticos con la ceja levantada…


   Hay una novela de Ricardo Menéndez Salmón, LA LUZ ES MAS ANTIGUA QUE EL AMOR, donde hay una aproximación excitante sobre este pintor. 

LA TAZA MAGICA

 LA TAZA MAGICA

 El café vuelve a circular libre por mis venas. En los últimos años lo desalojé de mi dieta. Por cautela médica y miedos inducidos. Pero ha vuelto a ser mi amigo. Me gusta corto, caliente, con espuma y sin azúcar; y prefiero tomarlo en los bares, mientras escudriño algún periódico y pienso en las musarañas.

 El problema es que la mayoría de los brebajes que me suministran son infames. Liquiduchos aguados, tibios, hechos sin oficio, directamente destinados a la gran cloaca de los cafés lamentables. Necesito algo como ésto.

No más sucedáneos.

Beatriz, , resignada a escuchar estas monsergas día tras día, me ha proporcionado esta foto precisa como un disparo en la sien. Es de Chema Madoz, un grande. La imagen es una metáfora concisa y, a la vez, rotunda. Esta taza con sumidero debería ser fabricada industrialmente, en serie. Se evitarían más catástrofes intestinales. Imaginaros miles de litros de cafés evacuados, al instante de ser servidos, a la alcantarilla.

 De momento, la foto es un guiño simbólico. Una fantasía. En una sociedad perfecta sería magia para los sentidos. Desde ahora es el anagrama perfecto para la Liga de Bebedores de Cafés Decentes, una organización cuyo único miembro soy yo.

APOCALIPSIS EN TELEBABIA

 APOCALIPSIS EN TELEBABIA

Todas las televisiones del planeta se han quedado ciegas y mudas. Esta idea peregrina la tenía incrustada en los más hondo de mis fosas occipitales, cuando la radio del vecino me ha despertado esta mañana. He pensado que era un homenaje tardío a Ernesto Sábato; su muerte me ha impulsado a releer su INFORME SOBRE CIEGOS y me ha vuelto a trastornar. No lo sé.

 El caso es que, en la somnolencia, esa utopía no me ha asombrado. Es más, me he quedado atrapado entre las sábanas, tan a gusto,  desbarrando sobre la pesadilla y todos sus múltiples afluentes.

 He imaginado legiones de ciudadanos vagando sin rumbo por las calles, huérfanos del ojo fluorescente. Turbas asaltando las tiendas de electrodomésticos para manipular, airados, los aparatos obstinadamente muertos. Ancianos desconsolados sin la presencia limpia de Ana Blanco, narrándoles un mundo indoloro de noticias sin mancha. He disfrutado, presintiendo las sucesivas comparecencias de los ministros en la Radio y en las ediciones especiales de los periódicos, para asegurar que se estaban adoptando las medidas necesarias. Me he entretenido con las hipótesis que  los poderes del mundo diseminaban, sobre el origen del mal: la catástrofe era obra del “yihadismo”, de la derecha extrema ó de ambos en promiscua  compañía.

 En fín, en la Red, la tele online tampoco funcionaba y no habría partidos del siglo nunca más.  Mientras,  los feligreses de todas las variantes de SALVAME, así como las tríbus anónimas que vuelcan su ira en los SMS de las tertulias, deambulaban con la mirada perdida en medio del gran poltergeis universal.

De pronto, un escalofrío me ha sacudido el cuerpo con una urgencia demente. Me he levantado, tropezando con los muebles, he conectado la tele y allí estaba el ojo del cíclope ardiendo como siempre. He aporreado el mando a distancia con nerviosismo y todo funcionaba con precisión. El electrodoméstico eyaculaba con plena normalidad. La noria seguía girando.

 Entonces y solo entonces, he apagado el chisme y me he ido a la cocina a desayunar.  Otro sueño que no se cumple

RADIOGRAFIAS DE LA SOLEDAD

 

RADIOGRAFIAS DE LA SOLEDAD

Entre mis películas de siempre, destella EN UN LUGAR SOLITARIO, el más sombrió relato de Nicholas Ray. En cada revisión, me sigue haciendo el mismo daño pero me aferro a ella como un adicto. Se donde está cada una de las líneas de texto que prefiero y las secuencias que más me emocionan. Pero no me cansa.

 Habla de la soledad, del desamor, de la violencia, del desarraígo y de como la felicidad se escapa entre los dedos cuando apenas te ha acompañado un instante. Bogart está mejor que nunca; en cada gesto se presiente su agonía pero también se atisba su mirada más cálida.

 

 Es humana y retrata la desolación del fracaso con una precisión que te oprime. La suelo ver cuando las cosas no van bien e, invariablemente, me rescata. Su ambigüo final me deja inerte durante un buen rato, hasta que comprendo su lógica inevitable.

 En los últimos tiempos, solo otra película me ha conmovido con una dureza similar. INCENDIES. Es distinta a la obra maestra de Nicholas Ray. Pero relata con igual desasosiego, el vacío y la violencia. Perturba con su sequedad pero es implacable en la descripción de unas vidas rotas y en la búsqueda del origen de todas las cicatrices que asolan a los personajes principales. Su final, tal vez, es demasiado geométrico y destila juicios éticos, cuando menos, discutibles. Pero es hermosa y desgarrada. Estupendo programa doble.